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Apacienta mis ovejas PDF Imprimir E-mail

 

(E-Book) Todo creyente y servidor debe recordar que sigue siendo una oveja delante del Buen Pastor.

 

 

 

Prefacio


Como lo sugiere el título de este libro, es un mensaje especial para aquellos a quienes Dios ha llamado con el fin de que ministren a las “ovejas de Su rebaño.” Pero, también quisiéramos animar a las ovejas para que lo lean, porque ellas necesitan saber las cosas que allí están escritas. Además, como veremos más adelante, no existe ninguna diferencia entre un pastor y una oveja en lo referente a su carácter. Porque los verdaderos pastores de Dios fueron ovejas antes de que se convirtieran en
pastores; y continúan siendo ovejas DESPUES de que se han convertido en pastores.
Al aceptar este principio, las barreras que habían sido levantadas para separar a las ovejas de los pastores se derriban, y tanto las ovejas como los pastores hacen parte del mismo rebaño del Mayoral. Pues, la diferencia entre ellos es simplemente la de su “llamamiento” o vocación en el cuerpo de Cristo. Por carácter y por naturaleza, las ovejas y los pastores son idénticos.

En este escrito no pretendemos explorar en detalle las zonas de la verdad relacionadas con el apacentamiento del rebaño de Dios, sino más bien, traer a la superficie ciertos aspectos de la verdad que con frecuencia se menosprecian, pero, que son absolutamente vitales para los integrantes del pueblo de Dios deseosos de llegar a ser súbditos obedientes y fieles del Reino de Dios. Porque Dios está preparando verdaderamente para Sí Mismo un pueblo que viva en completa unión con El: un pueblo que sólo diga Sus Palabras y que sólo transite Sus caminos. Si fracasamos en esto, no lograremos cumplir los deseos de Dios para Su pueblo...sin importar cuán grande sea nuestra vocación o cuán poderoso sean el don o el mensaje que podamos ministrar. Tampoco, debemos retroceder ante la magnitud de Su llamamiento... porque El puede producir y realizar en nosotros cualquier deseo de Su corazón, mientras confiemos en El y abracemos la Verdad que El ha sembrado en nuestros corazones.

– George H. Warnock

 

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