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Once: Más allá del Jordán PDF Imprimir E-mail

 

(Artículo) Once, es la primera de una serie de charlas que tratan de aclarar algunas razones por las cuales el 11 se ha convertido en un importante número, que está señalando tiempos para el creyente y para el mundo entero.

 

ONCE
- Parte 1 -
Más allá del Jordán


Esta pequeña serie de charlas se llaman “11”, porque es el número que señala actualmente varios aspectos de mi vida (y la vida de mi familia), de la vida de algunos miembros del cuerpo de Cristo, y sobre todo, de la cotidianidad de los acontecimientos del mundo que ya son tan notables y populares que ni para qué mencionarlos.

Por ahora tengo claro que el once significa dos cosas: Primero y por un lado, el 11 está señalando el tiempo espiritual en el que se encuentra la humanidad entera, porque estamos en la hora undécima (de un día espiritual de 12 horas Mt. 20:1-16), el día finalmente está terminando, las señales y parábolas que nos fueron dejadas como signos ya son imposibles de ignorar, y aún hasta el adversario las está reconociendo y por ello con premura avanza en sus planes de control, ya que sabe que su tiempo se está terminando. Pero este será el tema que trataré en la segunda parte de esta charla.

Segundo y por el otro lado, el 11 está señalando el tiempo espiritual por el que algunos miembros del cuerpo de Cristo están pasando, pues estamos en la jornada número 11 del recorrido que hemos hecho por el desierto hasta llegar a Cades-barnea, junto al Jordán y justo antes de cruzarlo, y este es el tema de esta primera parte de la charla.

“Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea.”
Dt. 1:2

Una vez salimos de Egipto (de la dependencia del mundo) fue necesario que anduviéramos por el desierto por 40 años, el desierto representa el lugar donde no existen los sistemas del mundo (sociales, culturales, económicos, religiosos, etc.), los 40 años representan el tiempo que se necesita para morir a nosotros mismos y para esperar el tiempo de Dios y no el tiempo del hombre, en esencia nuestra caminata por el desierto que inicio en el monte Horeb se fundamentó en la necesidad de morir a nuestro gobierno propio para aceptar el gobierno de Dios a través de Cristo. Once Jornadas después estamos en Cades-barnea, el cual es un lugar muy especial no solo porque es el lugar desde donde podemos avistar la tierra de la promesa, sino esencialmente porque es la jornada 11 antes de cruzar el Jordán, hacia la conquista de la tierra que nos fue prometida.

Por ello es tiempo de dejar los rudimentos de la fe para avanzar, para varios de los miembros del cuerpo de Cristo las 11 jornadas que nos llevaron por el desierto hasta el Jordán se han recorrido, fue necesario que muriéramos en gran parte en ese desierto, y no hablo de la muerte física, sino de la muerte espiritual al sistema de Egipto (del mundo), a su dependencia y nuestro amor por esa tierra y por esos reyes, de manera que en ese desierto esencialmente  hemos muerto  a nuestro gobierno propio para aceptar exclusivamente el de nuestro Señor. 

Pero mucho cuidado, porque cerca al Jordán, antes de cruzarlo, también hay bellos pastos y provisión abundante y algunos querrán quedarse allí, dudando y evitando el paso del Jordán y lo que hay al otro lado. Ánimo, no es valiente que luego de llegar hasta aquí desistamos y acampemos en este lugar, porque el llamado y la orden de nuestro Rey y Señor es que crucemos el Jordán.

“Mirad, yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra que Jehová juró a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, que les daría a ellos y a su descendencia después de ellos.” Dt. 1:8

Cruzar el Jordán significa el cumplimiento de muchas cosas que se conectan por todas las Escrituras, porque el tiempo de cruzar el Jordán es el tiempo del bautismo en fuego (Mt. 3:11), de la extraña obra y de la extraña operación (Is. 28:21), de la circuncisión del corazón (Ro. 2:29) y del importante paso de dejar de ser niños fluctuantes, “llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Ef. 4:14),  porque al otro lado del rio está la tierra que nos fue prometida, pero no es esa tierra de abundancia y prosperidad mundana que algunos predican y con la que sueñan; quienes vamos a cruzar el Jordán hemos renunciado a nuestros sueños: la tierra prometida es la manifestación plena de Cristo y su gobierno  en nosotros ¡Y qué gran tierra, qué  gran galardón! Por ello es que cuando crucemos el Jordán seremos verdaderamente difíciles para el adversario, porque a esta bestia o serpiente antigua le preocupan aquellos que no tienen gobiernos propios y vidas propias, porque quiere decir que la vida y el gobierno de esas personas ya no existen en si misma sino que existen en ser Uno en Cristo, y a eso es a lo único a lo que si le teme y tiembla la bestia y sus demonios.

En estas 11 jornadas antes del Jordán no solo hemos luchado contra el adversario, el peor enemigo con quien combatíamos estaba dentro de nosotros y se llamaba: Nosotros mismos. El infame enemigo que está siendo combatido es nuestra propia soberbia, la soberbia de un gobierno propio que consideró que tendría posibilidades de verdad, guía, vida y paz en independencia  a nuestro Salvador, Creador y Padre, creencia que fue alimentada por  nuestra equivocada, patética y muerta fe en nosotros mismos que arrogantemente aceptamos el ofrecimiento de la serpiente antigua, que consistía en creer que con los banales conocimientos de la ciencia del bien y del mal podríamos ser como dioses (autónomos, poderosos, justos, etc.) o que con la mera salvación no era necesario que tomáramos nuestra cruz para que muriéramos a nosotros mismos.  Mas caminando por ese desierto hemos podido vivir claramente que de nosotros solo destila injusticia, inmundicia y muerte. Los soldados del Señor que cruzarán al otro lado del Jordán no tienen cabeza, ni gobierno ni vida propia, porque están con las manos arriba y el corazón arriba, en completa rendición, viviendo para obedecer a su Cabeza, es decir, a Cristo; y la serpiente antigua sabe cuán fuerte y efectivo es un soldado que vive en esa unidad con Dios.  

También es cierto que el Señor nos ha permitido librar algunas batallas y nos ha permitido tener algunos enemigos externos a nosotros mismos, porque era necesario que a través de estas circunstancias entendiéramos que nuestra soberbia es vigorosa, que nuestro adversario es poderoso y que sin nuestro Señor nada somos. También nos estaba capacitando para lo que está al otro lado del Jordán, porque allí sí veremos y realmente combatiremos enemigos gigantes que están fuera de nosotros (partiendo del hecho de que el enemigo que estaba en nosotros está grandemente derrotado), así que si creímos que en estas 11 jornadas recorridas habían enemigos poderosos, nos equivocamos; si creímos que habíamos visto la fuerza y la furia del adversario, nos equivocamos, porque así como al otro lado del Jordán se encuentra la tierra prometida, también se encuentra la furia y fuerza del adversario, una bestia que sabe que el tiempo se está acabando y que no puede permitir que otros avancen a conquistar las tierras de la promesa. Los enemigos al otro lado del Jordán no son enemigos comunes, son nada más y menos que gigantes, y quien vaya a la conquista de esa tierra con armaduras y armas propias según la carne, es decir con gobiernos, conocimientos, habilidades, estrategias, evangelios, reinos y cosas similares de carácter propio, no durarán mucho o quizás ni siquiera puedan cruzar. Al otro lado lo único que es necesario es el gobierno de Cristo y la armadura de Dios (Ef. 6:10-18). Qué increíble será y cuánto anhelo tengo de ver esas batallas que se librarán allí, porque, como la de Jericó, serán locura para el entendimiento y la razón del hombre, pero en la obediencia las ganaremos una por una.

Es tiempo de dejar de ser niños y avanzar más allá del Jordán, donde las revelaciones serán grandes, porque mientras andábamos en las 11 jornadas en el desierto, en los rudimentos de la fe y en los conocimientos de los niños, la bestia ha venido tomando importante control de casi todo en lo natural; el Señor quiere abrir nuestros ojos y llevarnos hacía la madurez de los misterios que se están revelando más allá del Jordán, para que veamos lo que no veíamos, para que hablemos, para que advirtamos, para que no caigamos en el más increíble y sutil engaño jamás concebido por la bestia, para que seamos verdaderos soldados en la batalla justa que se está librando en cabeza y comando de nuestro líder Jesucristo, y allí solo sobreviven los soldados que conocen, escuchan y obedecen únicamente la voz de su comandante, jefe y pastor, este es, Cristo.

Preparémonos para ver los misterios que nos revelará nuestro Señor y en donde veremos con mucha claridad los misterios de la gran ciudad espiritual de Babilonia, de su poderoso gobierno oculto, del poder del lenguaje de sus misterios antiguos y del gran proyecto para controlar todo el mundo natural y así levantarse en rebelión total contra el Dios Vivo. De verdad que no podemos imaginar que tan avanzado está este proyecto y cuán grande es la maldad que hay en el mundo en estos momentos.  

Recordemos que nada se mueve fuera de la voluntad del Dios Todopoderoso de los Cielos, todas las cosas que están en las Escrituras se cumplirán, el Señor las permitió porque aún el mal es instrumento de su Voluntad, así que no hay de qué temer, no hay de qué dudar, en Cades-barnea se duda mucho sobre lo que hay al otro lado del Jordán, en Cades-barnea se tiene miedo de los poderosos enemigos gigantes que encontraremos al otro lado del Jordán, pero tengan la seguridad que aquellos quienes hayamos muerto a nuestra vida y gobierno propio venceremos allí, porque el Señor nos entregó esas tierras y esos enemigos. Estoy seguro que esto es apenas el comienzo de una serie de charlas, textos, videos, documentos y en general, de cosas que el Señor permitirá hablar a través muchas personas, en diferentes países y por varios medios, y en donde nos serán revelados y anunciados con más detalle todos estos misterios que podrán ser vistos por aquellos que decidamos cruzar el Jordán rendidos totalmente a nuestro gobierno y capacidades propias para luchar en la unidad del único victorioso en esta batalla: este es, Cristo Jesús.

En Jesucristo, amado Esposo, Señor, sea la unidad verdadera.