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Advertencia Profética Solemne

Esta profecía fue dada al Cuerpo de Cristo a través del anciano hombre de Dios Stanley Frodsham en el Instituto Bíblico Elim en New York (Estados Unidos) en el año 1965. Confirmada por las Escrituras y por los mensajes en el Espíritu de otros hombres de Dios contemporáneos a él.

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Estad quietos, y conoced que Yo Soy Dios PDF Imprimir E-mail

 

(Artículo) Dios quiere que aquietemos nuestra alma para podernos relacionar con Él.

"ESTAD QUIETOS, Y CONOCED QUE YO SOY DIOS"

Salmo 46-10. Reina Valera edición 1960

Nuestra alma maneja nuestros 5 sentidos. Nuestros sentidos manejan nuestros deseos y éstos, avivados por nuestra mente, son la fuente de nuestra concupiscencia. Un muerto, al no tener sentidos, no tiene deseos ya que su alma se ha desconectado de su cuerpo. Ese morir en la carne es un constante clamor de Dios pero el hombre no puede cumplirlo por sus propias fuerzas si no que necesita las fuerzas de Jesús y la vivificación del Espíritu Santo. La santidad proviene de Dios. Nosotros, los creyentes, solamente podemos expresarla. Es Jesús quien vive su santidad a través de nosotros. En este proceso nuestra voluntad y nuestros esfuerzos son completamente NULOS.

El sol irradia sus rayos sobre las aguas, por ejemplo sobre las aguas de mar. Cuando los rayos solares tocan el agua contaminada e impura la evaporan y así, en forma de vapor, obligado por una ley física, asciende hacia el firmamento. A medida que asciende por el espacio, sin hacer esfuerzo alguno, se va purificando hasta tal punto que, al posarse como nube en su sitio final, se encuentra totalmente purificado y ha cambiado sus impurezas por nutrientes que luego irrigará, como una bendición de Dios, sobre la tierra.

Las leyes físicas dicen que los elementos pesados como el agua y la tierra tienden a bajar (hundirse buscando el centro de la tierra) y que los elementos livianos como el fuego, el vapor y el aire tienden a subir (hundirse en el Cosmos buscando su centro de atracción). Como vemos en el ejemplo anterior el vapor no tuvo necesidad de hacer ningún esfuerzo para lograr su purificación: solo se atuvo a que operaran en él las leyes que nuestro Creador estableció para el Universo.

Como la adoración debe ser una constante permanente en nuestro diario vivir (en cada milésima de segundo de vida) debemos renunciar a nuestro YO para aquietar nuestra alma y permitir que el Ungido, en su tiempo y en su voluntad, obre en nosotros y nosotros podamos obrar a través de Él.

Será que nuestro ayuno permanente debe ser desconectar el alma de nuestros sentidos para que cuando entremos al lugar santísimo no oremos con nuestra propia voluntad? Será por eso que nuestro Padre Celestial quiere que lo adoremos en espíritu y en verdad?

Este tipo de adoración produce quietud y eso es lo que Dios siempre ha querido..... aquietar nuestra alma para que nos podamos, a través de nuestro espíritu, relacionar con Él. La carne no puede acercarse a Dios y todo lo que hagamos en la carne, utilizando cualquier pretexto, carne putrefacta es. Si renunciamos a nuestra voluntad, al menos en la adoración, nos podemos acercar al Señor sin presentarle memoriales de agravio, pliego de peticiones y sin llenar el lugar santísimo de vanas palabrerías. Jesús es el verbo por lo tanto Jesús es la Palabra y cuando estemos ante la Palabra solamente debemos CALLAR. Es la adoración del silencio.

Para gozar de este suculento banquete no necesitamos sistemas religiosos, ni templos hechos por manos del hombre, ni pastores, ni curas, ni coros, ni bandas musicales, ni un sistema clerical poseído por la avaricia, ni siembras, ni diezmos, ni ayunos, ni sacrificios corporales, ni estructuras humanas, ni seminarios, ni cursos de teología, hermenéutica, apologética o cualquiera de esos epítetos con los que el hombre ha querido monopolizar y manipular el conocimiento de Dios. Sentados en el inodoro, en el metro, en el trabajo, viendo televisión, en un cine, en el transmilenio, en un bus, en un carro, en un avión , en un barco, en una casa, en una bodega, en los ríos, en los mares, en el monte y, en fin, en todo hábitat, los cristianos podemos desatar sesiones celestiales de adoración. Solo nos basta desconectar el alma de nuestro exterior para que nuestro espíritu guiado por el Espíritu de Dios entre en las profundidades de Jesús.

Bendiciones y paz en Cristo Jesús.

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