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Se trata de dos de las muchas cartas que se envian entre miembros de la Iglesia, esta vez tratando los temas del Cuerpo de Cristo y de las Escrituras

 

 

Sobre el Cuerpo de Cristo

Estimados hermanos.

El Cuerpo de Cristo, que es su iglesia, aunque por ahora está constituida por miembros de carne, es un cuerpo que esencialmente es espiritual, edificado por el mismo Jesucristo a través de su Espíritu y sellado por un pacto que también es de orden espiritual y no de letra. Por ello solo puede ser discernido de manera espiritual. Durante siglos las personas han tratado de comprenderlo, explicarlo y edificarlo bajo el entendimiento humano, y de ese pensamiento humano es que han surgido muchas religiones y su fracaso. El cuerpo de Cristo tiene dos características que están por encima de la comprensión del pensamiento humano: una, es que no es un edificio de arquitectura euclidiana hecha con ladrillos iguales como las edificaciones físicas u organizacionales que los seres humanos podemos concebir y construir y que terminan siendo edificios, diseños, proyectos o instituciones humanas. Y otra, es que este Cuerpo Espiritual es intemporal, es decir, no depende del tiempo, porque en Dios que es su Hacedor, no hay tiempo, y eso lo convierte en un cuerpo que se ha venido edificando en una locura que no entendemos los seres que vivimos dependiendo del tiempo.

El Cuerpo de Cristo está constituido por piedras vivas que son completamente diferentes, piedras únicas con vida conforme a una creación que se basa en la diversidad, en la diferencia. Cada una de estas piedras debe ser tallada  a mano por el mismo Jesucristo y  el diseño total y final de este Cuerpo Espiritual es un misterio que solo nos es revelado por partes, y de cuya totalidad solo conoce el Dios de los Cielos. No existe posibilidad humana capaz de edificar un Cuerpo tan complejo y majestuoso con miembros vivos y tan diferentes los unos de los otros, pero tan coherentes y articulados en su espiritualidad y en su totalidad como Cuerpo.  Dónde está el Ser capaz de hacer o de discernir o de comprender el funcionamiento de un Cuerpo tan increíble como El Cuerpo de Cristo? La respuesta es muy sencilla: En su propia Cabeza, es decir, en Cristo. El Cuerpo de Cristo es un misterio que el adversario y la mente humana han tratado de entender, explicar y falsificar con doctrinas, estrategias y grandes instituciones religiosas. Por ello la Iglesia de Cristo nunca ha sido ni será algo que podamos describir con un principio o patrón o modelo o dogma o doctrina o ideología institucional.

Yo creo que cada quien comprenderá y vivirá en  su propia existencia y de manera particular la majestuosidad  de la  Iglesia de Cristo, en la medida en que haga parte de este cuerpo, eso quiere decir, en la medida en que la propia individualidad de cada uno y su gobierno y su voluntad se rinda al Gobierno y al Pensamiento de  la Cabeza, que es Cristo, el cual hará una obra de talla individual con cada miembro para darle una posición espiritual y particular en su Cuerpo. Y esta talla individual y su posición en el Cuerpo no es la posición que tiene la persona en los bancos cuando se congregan en un lugar físico de ladrillos a escuchar a otro hombre, se trata de un altar espiritual para rendir nuestra voluntad, nuestro gobierno propio, y de una posición completamente espiritual (que no depende del tiempo, ni del espacio, ni de la mente humana). Ahora mismo yo hago iglesia con ustedes sin necesidad de estar juntos en carne ni en tiempo, eso es lo majestuoso y misterioso de este Cuerpo del que hago parte.

Quiero colocar un ejemplo: El hermanos Juan Dávila mencionaba que uno debe firmar los escritos para hacerse responsable por lo que escribe, y esa es su revelación, sin embargo otras personas del cuerpo de Cristo se les ha revelado que no firmen para que la soberbia no sea un obstáculo, y ya sabemos que los humanos sufrimos mucho de esta enfermedad que fue la causante de la caída del adversario; no se puede decir que una  está bien y la otra mal, o que si mí sentir es que no los firme, entonces deba convertir esta vivencia personal y de un tiempo en una doctrina para todos los miembros del Cuerpo y para todo el tiempo, ese es el principal error de todas las doctrinas religiosas; de pronto el Señor me pone a que firme unos y otros no, o que en un tiempo los firme y en otros no, o que unos miembros si los firmen y otros no, Él está tratando a cada piedra viva de manera individual y conoce cada corazón y cada tiempo, el Cuerpo de Cristo no es homogéneo ni entendible con la mente humana, por ello mis vivencias o mi revelación no pueden convertirse en una doctrina colectiva para todos los miembros, y desafortunadamente, eso hacen la muchos pastores y líderes (tanto en denominaciones como en casas). La creación de Dios se basa en la gran variedad, en que cada uno es diferente, en que tenemos la magnífica opción de un trato y de un conocimiento personal con la Cabeza,  y al Gran Yo Soy que creó todo lo que vemos y lo que no vemos sin la ayuda de nadie, esto jamás se la ha salido de la grandeza de sus manos.

La iglesia de los tiempos finales y los acontecimientos finales son un misterio cuya totalidad de comprensión solo existe en la mente del Padre, además reitero son intemporales, no dependen del tiempo.  De alguna manera todas las generaciones que hacemos parte del cuerpo de Cristo  hemos sido parte de la iglesia final y de los acontecimientos finales. Tendrá que haber una generación final, sin duda alguna, pero por dar un ejemplo de la intemporalidad del Señor, al Apóstol Juan, quien murió en carne hace 2000 años, el Señor le dijo que iba a presenciar los tiempos finales, y se cumplió cuando presenció el apocalipsis.

El cuerpo de Cristo estará pleno cuando todos sus miembros estén en la reunión espiritual, solo en esa unidad espiritual y no en una carnal o institucional planificada con la mente humana o por los planes del adversario,  y entonces allí, en aquel único lugar espiritual si habrá una sola Cabeza gobernándolo, este es, Cristo Jesús. El Señor está a la espera de que su cuerpo sea levantado para dar y mostrar al mundo el más grande de los misterios en medio de la peor confusión y falsificación por parte del adversario que jamás hayamos visto. Por mi propia vivencia sé lo difícil que es reposar a mí gobierno y esperar, pero solo en ese reposo y en esa espera se encuentra la verdadera revelación y victoria del Señor.

“Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta (que es la iglesia religiosa, por eso la llama por su nombre dos veces, ya que “religión” también quiere decir “religar”, que quiere decir: atada dos veces al engaño) afanada y turbada estás con muchas cosas (en su activismo, en sus reinos propios, en sus doctrinas). Pero sólo una cosa es necesaria (únicamente una sola); y María (la iglesia rendida a sí misma, que está  postrada a los pies de su Señor y Cabeza, callada, quieta, en el reposo, esperando la enseñanza y orden de la Cabeza) ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada." (Lucas 10:38-42).

¿Cuál es esa sola y única cosa necesaria, que es la buena parte, que hay que escoger  y que no nos será quitada? El Señor se encargará de revelarla de manera individual en cada corazón que verdaderamente anhele esta buena parte.

 

Bendiciones

Mauricio Sánchez

 

 

Sobre las Escrituras
TIJERAS,  PEGANTE  Y  LAPIZ  RESALTADOR

 

Es evidente que las escrituras han sido inspiradas por Dios, que instruyen, edifican, redarguyen y, aunque han sido manoseadas por los hombres, manifiestan de principio a fin la Palabra  de Dios que está materializada en Cristo Jesús, siendo además el Libro del Espíritu Santo. Las escrituras no salvan a nadie pero si nos muestran al que  nos puede salvar. Este conjunto de palabras es lo que llamamos letra muerta no porque muerto sea su mensaje si no porque los hombres, con nuestras interpretaciones, controversias y deseos de agregarle algo a esta palabra divina, hemos apagado el fuego vivificador que nuestro Dios vivo quiso expresar a través de estas portentosas escrituras.

Todos sabemos que las escrituras no fueron escritas  por capítulos y versículos, es decir que los autores originales que recibieron la inspiración divina no fueron parte de este proceso ni de las interpretaciones y  “mejoras” que durante todo el tiempo se han derramado sobre el sagrado texto. Es entendible que los idiomas expresan a las civilizaciones pero no  son gestores o autores de sus hechos. Son los hechos y las necesidades del hombre los que conforman, adicionan y cambian todos los dialectos e idiomas para que pueda existir la comunicación verbal o escrita de  los seres humanos, describiendo todos los acontecimientos de su  diario vivir y de su relación con nuestro Dios supremo. En esta transición de convertir el mensaje divino en palabras de hombres, bajo diversas interpretaciones, es donde se ha corrido el riesgo de contaminar su contenido aduciendo  doctrinas de hombres. Jesús nos previno de esta soberbia humana.

Los masoretas era un grupo de judíos ascetas que habían reemplazado a los escribas en la labor de transcribir las escrituras guardando la pureza idiomática  y la verdad de su contenido. Eran los encargados de mantener la tradición y veracidad del mensaje divino y detectaban, anotando en un margen de las hojas, las adulteraciones y adiciones que habían hecho los solferines (escribas) cambiando el mensaje real de estas escrituras. Fueron ellos los que dividieron el antiguo testamento en párrafos grandes y párrafos pequeños para simplificar y hacer más fácil la lectura del texto lo que posteriormente originó la introducción  de capítulos y versículos. Todo esto aconteció muchos años después de la resurrección de Jesús.

En el año 1.227, alentado por la obra de los masoretas, el religioso católico  Stephen Langton, polémico obispo de Canterbury y  posterior cardenal,  dividió el Nuevo Testamento (nuestro tema) en capítulos pareciendo  como si se quisiera convertir el texto en compartimientos estancos. Stephen era inglés de nacimiento pero fue   criado en Francia,  cursando  estudios en la Universidad de Paris donde fue, durante largos años, profesor de teología. Escritor prolífero y poseedor de una gran ambición de poder, tanto religioso como político, tuvo una gran injerencia en los aconteceres socio-religiosos  de Inglaterra.

En el año 1.551 en Trento, ciudad ubicada en el norte de Italia, se encontraba reunido el Concilio católico conocido con el nombre de esta población, cuyo fin era oponerse a la reforma protestante, preparar una contra reforma, reiterar la salvación por obras y por gracia, el celibato y la adoración a la virgen María y a esa larga lista de santos católicos. Mientras este concilio se preparaba para acallar al cristianismo el conocido editor francés Robert  Etienne, conocido como Robertus Stephanus, imprimió la  traducción latina de la Biblia de Erasmo y  la Vulgata introduciendo numéricamente  los versículos en el texto. Así, se fueron imprimiendo nuevas versiones bíblicas hasta llegar  a la Biblia  conocida como la de Ginebra, edición 1560, que contenía capítulos, versículos, concordancias y notas del editor. Eran 1.189 capítulos y 31.102 versículos.

La concepción de esta nueva modalidad de versión bíblica es muy loable ya que su fundamento es que sirve para una mejor lectura del texto, para memorizar, para enseñar y para cruzar referencias y concordancias. Aclaramos que no tenemos nada contra los versos y los capítulos ya que por medio de ellos se ha convertido (salvados no sabemos) mucha gente, aunque no podemos desconocer que el Cuerpo se ha desunido en torno al fraccionamiento de la letra muerta. Por eso sería interesante que nos hiciéramos la siguiente reflexión: Las escrituras fueron  inspiradas por Dios, manifiestan la gloria de su hijo Jesús y son el libro del Espíritu Santo. ¿Por qué Dios no inspiró a los escritores originales de ellas para que  las dividieran en capítulos y versículos?..... Sabemos que muchos nos van a argumentar que Dios   necesita al hombre para que le ayude a terminar y perfeccionar su obra. ¿Será?

Dios creó al hombre para que su Hijo unigénito Jesús tuviera una Iglesia de creyentes única y homogénea,  unida en torno a Él  para conformar su Cuerpo visible en el universo. Nos preguntamos: ¿Estas divisiones  capitulares y versiculares  si han servido para este  propósito?..... Sabemos que muchos nos van a argumentar que éstos han sido una herramienta eficaz para evangelizar y aumentar el Cuerpo de Cristo. ¿Será  que Jesús no escoge e incrusta soberanamente los miembros de su Cuerpo y no es Él el  que añade cada día a la Iglesia los que van a ser salvos?

A partir de 1560, año histórico en el que se institucionalizó la lectura de las escrituras con capítulos y versículos, los hombres, creyentes y no creyentes, comenzamos a acercarnos a la Biblia con unas grandes y cortantes tijeras, con un tarro de pegante y un lápiz resaltador. Cortamos, mezclamos y pegamos versículos para evangelizar, rebatir, hacer sermones, escritos, resaltar nuestra  erudición  bíblica, sentar doctrinas y fundar congregaciones, sin tener en cuenta su contexto circunstancial, geográfico, histórico, cultural e idiomático. Hemos hecho de Jesús un versículo y es por esto que lo hemos estado recibiendo por pedazos y no de forma integral, haciendo de su mensaje salvador una moda, un camino de prosperidad sin cruz, un teatro con sillas numeradas y show de dones, un club social  y  un negocio. No  tan solo hablamos del mundo congregacional sino también de muchas de las Iglesias en Casa. Con sapiencia versicular (recorte  y pega) las doctrinas proliferan por doquier con nombres de hombres mientras que al Ungido lo mantenemos aún en su tumba para marginarlo de su colosal obra salvadora; es por esto que hablamos del poder de la palabra  y  no de la palabra del poder de Jesús.

En el año 1.989 (hace 23 años) Las Naciones Unidas  (world census of religious activities U.N information center N.Y 1.989) detectó 23.000 denominaciones cristianas que  compiten y se contradicen entre sí. Según este estudio  el  número denominacional  se aumenta en 270 nuevas denominaciones cada año es decir que, para este año del 2012, deben existir más de 30.000 denominaciones cristianas que han creado una maraña denominacional organizada, según sus líderes oficiales . Destacamos que  cada una de ellas, mostrando un pedacito de Jesús, dicen poseer la ¨verdad¨ pero muchas de ellas  no muestran a quien es la verdad: Cristo Jesús. Aquí estamos hablando es del sistema clerical  denominacional organizado con el orden del mundo y no de los creyentes que acuden a estas instituciones en busca de su Salvador y que, al cabo de algún tiempo, muchas de ellas, al no encontrar a Jesús en estas instituciones modernas que no aparecen en el Nuevo Testamento, salen vacías y muertas espiritualmente. Es aquí donde se manifiesta  la  Gracia de Dios al permitir que estas personas, fuera del campamento, sean llevadas de las manos del Espíritu Santo a los pies de Jesús.

En realidad, a nuestro amado Salvador no le importa sobre qué estructura humana nos reunimos; lo que le importa es que cada vez que nos reunamos en su Nombre nos auto ministremos a  través del intercambio de dones (en reunión eclesial o informal), ya que de esta manera, al ministrar el Cuerpo, lo estamos ministrando a Él,  dándole en todo momento la supremacía absoluta y que, en cada instante de nuestras vidas, guiados por el Espíritu Santo, derramemos nuestros corazones en adoración al Padre Celestial.  Si por alguna circunstancia estamos reunidos en el lugar equivocado su infinita Gracia nos sacará de allí.

En el intento de adoptar este modelo de vida adoradora cristiana, nuestro Yo, con todo su conocimiento humano, tiene que morir y esto es muy difícil para nuestra mentalidad carnal. Es por esto que, cuando entremos al lugar santísimo a adorar, debemos tener muy claro que no vamos en busca de complacencia personal si no que vamos, guiados por el Espíritu, a complacer a nuestro Creador. Ante Él se derriba todo deseo, todo conocimiento, toda superioridad, toda vanidad, todo esfuerzo humano y todo reino de hombres.

La Iglesia de Jesús, nuestra Iglesia, debe ser inclusiva y no exclusiva. Los avivamientos deben nacer en el corazón de cada creyente  tenga o no membrecía congregacional. El  avivamiento debe ser espiritual ya que el doctrinal lo que hace es abrirle el camino a más denominaciones. Es necesario purgarnos de esta congestión versicular y denominacional para que,  como miembros de un solo Cuerpo, sin perder nuestra individualidad, podamos expresar  la plenitud de Cristo Jesús con un solo sentir, un solo obrar y, habiendo solo un Espíritu, con  un mismo sendero espiritual. Debemos revivir en nuestros corazones las epopeyas de los cristianos posteriores a la resurrección de Jesús, la  mayoría de ellos  analfabetos, que fueron perseguidos, asesinados y marginados de la sociedad pero que no renunciaron ni reclamaron gloria por su fe inquebrantable hacia Jesús.

Para ello es necesario que nos adentremos en los primeros siglos de vida de las comunidades cristianas y volvamos  a releer  el Nuevo Testamento, con una nueva óptica, para encontrar la sangre, el dolor, la esperanza y el gozo que había en cada corazón (no contaminado con tanto conocimiento humano y hábitos de oración) de la Iglesia Primitiva y su comunión permanente, cara a cara, con nuestro Ungido. Pero, por favor, no utilicemos el lápiz resaltador tratando de pescar un versículo cualquiera o una anotación porque así  no vamos a ver a Jesús resollando por las narices de su Iglesia y nunca podremos apreciar, en su verdadera dimensión,  la diferencia entre una Iglesia orgánica vivenciada por Jesús, y una Iglesia organizada con el orden del  mundo  vivenciada por hombres. Así podremos escoger la mejor parte que María de Bethania escogió  a los pies de Jesús.

Que nuestro amado Jesús los siga bendiciendo

un siervo, adorador