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Serie: Retiñirán ambos oídos. PARTE 3 PDF Imprimir E-mail

A través de las bellas palabras de un Autor Desastrado, el Señor Dios nos llama a que presentemos el hades de nuestro corazón, para que seamos por la Palabra de Cristo verdaderamente libres.

 

 

Serie Retiñirán Ambos Oídos

Autor Desastrado

“…retiñirán ambos oídos…”

(1ª Samuel 3:11; 2ª Reyes 21:12; Jeremías 19:3)

Día de Trompetas - Yom Teruah 5774

Septiembre 5 de 2013

Parte 3

 

Y por qué, si el Señor sembró una vid escogida, dio fruto una vid silvestre? Por qué le

salió agraz la uva y de inservible calidad? (Isaías 5:1-5) No acaso la plantó el mismo

Señor? (Jeremías 2:21).

Y por qué alguien que viene a consultar al Señor, Dios mismo lo engaña? (Ezequiel

14:9-10).

 

Nos está del todo prohibido volver la relación con el Señor una rutina, una religión, una

profesión externa. Dios no acepta nada menos que tratos en la intimidad (Salmo 51:6),

en la cámara secreta de corazón a corazón (Mateo 6:6), en el sitio donde nadie pero El

nos ve; porque al fin El nos llevará solos a Peniel cual Jacob o como a Moisés a una

posada en el camino o como a Elías al monte Horeb a ajustar cuentas sin mano

humana, a darnos la oportunidad de morir a nosotros y cambiar nuestra inservible y

fracasada vida adámica por la vida de Su Hijo en nosotros -Segundo y Postrer Adam- a

través de una fe valiente, agresiva y violenta que arrebata el canje propuesto.

 

Al igual que el primer Adam antes de la rebelión, nuestra tarea es cuidar el huerto que

es nuestro corazón, cooperando con Dios a todo momento, podándolo diariamente,

limpiándolo momento a momento, porque por encima de toda cosa preciosa o de valor,

lo que mas se nos manda a guardar es el corazón (Proverbios 4:23). Con qué facilidad

colocamos tropiezo delante nuestro, un pequeño descuido, una mínima tregua, un

“respiro”, bastan para que el viejo hombre empuerque el huerto, entre la cizaña y

comience el daño. Con qué ligereza fabricamos ídolos que llenen el lugar que solo Dios

debe ocupar: personas, lugares, sueños, proyectos, sentimientos, cosas, etc.; pero

especialmente el ídolo del yo: ese secreto anhelo de ser dioses, ese devorador deseo

de ser gobernadores y señores de nuestra vida, esa férrea voluntad de independizar

nuestras decisiones de Dios, y a cambio depender de la razón envanecida, del

raciocinio caído o de las vacilaciones del sentimiento y no del Espíritu de Dios.

 

Y por qué el Señor le dice a Isaías que vaya y les predique, pero que engruese el

corazón del pueblo de Israel, que agrave sus oídos y ciegue sus ojos, para que no

vean, ni oigan ni su corazón entienda, ni por cierto se conviertan, a fin de que no haya

sanidad para ellos y caigan? (Isaías 6:9-11). Por la misma razón que a la manada

pequeña le revelaba el Señor los misterios del Reino de los Cielos pero a los demás de

Israel no les era concedido (Mateo 13:10-17): la clave estaba en el corazón; dispuesto

en estos y endurecido en aquellos, un corazón aparejado en esos pequeños pero

envanecido en aquellos “sabiondos” líderes espirituales. Dios -que juzga los corazonesa

unos endurecía y a otros les revelaba sus misterios para salvación. Quienes se

creían sobrados con vista espiritual, eran cegados y quienes humildemente aceptaban

su ceguera, recibían la vista espiritual (Juan 9:39). Notemos que nada de esto está

dirigido para aquellos que no conocen los caminos del Señor, sino a los que

supuestamente le conocían, porque para estos es la Palabra que dice que se

convirtieron engañosamente, se tornaron al Señor mentirosamente (Jeremías 3:10), su

fe era falsa, externa, pasajera, interesada.

 

Cuando el corazón no es recto para con el Señor, es temerario acercarse al Altísimo,

porque El promete enviarle a quien no recibe el amor de la verdad (verdad de

cualesquier situación) un espíritu de error para que acaben creyendo a la mentira. Dios

mismo envía un espíritu de mentira para que engañe a los profetas que vienen a

consultarlo con el corazón desviado (1 Reyes 22:21-22). Es por eso que vemos con

temor cómo hoy, en la mayoría de denominaciones llamadas cristianas, están

escuchando espíritus de error, profetas que hablan al corazón del pueblo lo que quiere

escuchar: la prosperidad de este mundo, la victoria del hombre adámico, la corona sin

la cruz, el reino sin sufrimiento; líderes profetizando visión de su corazón engañoso y

un pueblo que quiere escuchar palabras halagüeñas que no curan la llaga; el evangelio

hedonista, el evangelio del atajo, no que haya atajos para llegar al Reino, pero es ese

“otro evangelio”, el evangelio anatema del cual habló Pablo. !Ay de unos y otros! !Tal el

profeta como el pueblo, tal el pastor como el redil! Están escuchando a la mentira,

están concertando pacto con la muerte, están comprando cisternas rotas, negociando

con monedas falsas. Pero querido lector, ese es el propósito de las Trompetas, del

penetrante y turbador sonido del Shofar, llamar al arrepentimiento, pues Dios no quiere

que nadie perezca, sino que procedan; que procedan con su Benignidad a enmendar el

camino, que la puerta aún está a medio cerrar, que todavía caben, que hay espacio en

le corazón del Buen Pastor.

 

El Padre plantó una buena semilla, lo hizo con Israel, pero se corrompió y fue

desechado, desterrado y entregado a sus enemigos; lo hizo con la Iglesia y bien pronto

se desvió; no había muerto el apóstol Juan, cuando el Señor advertía y amonestaba a

las Iglesias de Asia, que quitaría el candelero de ellos si no se arrepentían. Esa ha sido

la historia de la Iglesia, la historia de las denominaciones cristianas, bien sea católicas,

protestantes o evangélicas: cómo grupos que comenzaron bien han terminado tan mal

en lo que hoy vemos? cómo hombres que comenzaron en integridad acabaron tan

corrompidos? cómo es posible que lo que Dios mismo plantó se prostituya? Si no

cuidamos nuestro corazón “Hoy”, si no buscamos afanosamente en El su limpieza, si

“Hoy” escuchamos la voz de Dios para obedecerla, nuestro corazón termina endurecido

(Hebreos 4:7) y presa fácil de las potestades de error y mentira que están desatadas

cazando rebuscos, prestos a dar sus últimos asaltos antes de la cosecha final, antes de

la Fiesta de los Tabernáculos hacia la cual se dirige el Cuerpo de Cristo, a

consumación, a plenitud.

 

El llamado en este día de solemnidad, en este día de toque de trompetas, es a oír la

voz del Señor para obedecerla, para hacer Su voluntad; “...por qué me llamáis Señor,

Señor y no hacéis lo que digo?...”. Cada uno de nosotros tiene un papel que cumplir

dentro del Cuerpo de Cristo, un don o servicio o ministerio y debe ser fiel a su misión, a

su llamado, a su encargo. Solo así podremos ser utilizados por Dios como vasos de

honra para esta hora, si cada uno es fiel a El en lo que ha sido llamado, solo así podrá

el Cuerpo de Cristo levantarse como el Ejército del Señor, como el Hijo Varón, en

armonía con el Espíritu, en sincronía con la Cabeza, sin desentonar como ahora se

oye, sin desafinar como al presente, sin tropelía como una Babel cristiana, cuando

cada uno en su egoísmo busca lo suyo propio, lejos de la unidad encomendada en

contradicción unos con otros.

 

Quizá recibamos el encargo de denunciar la Babilonia espiritual (Isaías 48:20), y nos

veamos obligados a pleitear contra nuestra madre que nos parió -Oseas 2:2 llámese la

iglesia Católica, Evangélica, Protestante, o denominación cualquiera, etc.-, pero

debemos recordar que ese no es el fin en sí mismo, es asunto del todo secundario. Es

que el llamado a salir de esos atrios babilónicos es para entrar en El, en esa íntima

comunión con Dios, una vida de obediencia, en esa insustituible relación que nadie

puede quitar, en quedar inscritos en el servicio EXCLUSIVO para El, con el sello en la

frente de apartados SOLO para El, “Kadosh para JAH”, en esa verdadera cobertura;

romper las cadenas de esclavitud del reino de las tinieblas, de la tiranía de la carne

para libre y voluntariamente escoger su yugo, deliberadamente abrazar su carga; pasar

de un reino de tinieblas al reino de la luz implica que hay un solo Rey no varios reyes, y

que se alista para servirle solo a ese Rey, se toma su yugo (el madero de cada día), y

se camina hasta el fin; hay quienes al ver el precio (muerte al viejo hombre para que

Cristo se forme en nosotros, muerte de cruz, muerte lenta, muerte de cada día, muerte

oprobiosa, muerte por desangre) vuelven atrás, cuando se dan cuenta que no pueden

hacer su propia voluntad (Jeremías 5:5; Salmo 2:3); no aceptan el yugo del Señor, no

admiten Sus coyundas, rompen Sus cuerdas que son de amor (rechazan el madero).

Porque hay muchos que han salido para mal, han salido de sus religiones, de sus

grupos, de sus denominaciones, pero no han entrado en El, han quedado en medio de

la amargura, del resentimiento, de los juicios humanos, del gobierno de la carne; han

salido sí, de las denominaciones pero tan así como Israel, salieron de Egipto pero a

Egipto no lo dejaron salir de sus corazones, por tanto quedaron sus cuerpos postrados

en el desierto. Conocen muy bien los versículos para denunciar a Babilonia, saben de

memoria las abominaciones del sistema religioso, les viene de molde salir pero no se

dejan ceñir del Señor Jesucristo, no quieren su Señorío; pretenden una “zona neutral”

entre el cielo y el infierno, son como seres silvestres sin Amo, intactos a los tratos

incómodos del Alfarero, evaden con redomada astucia el “misterioso madero”, única

puerta al redil, impronta de los hijos de Dios; en ellos, a pesar de no hacer parte de

denominaciones, permanece el olor y sabor adámico; para ellos el mensaje de

Babilonia se ajusta y coincide con sus intereses adámicos, no han salido por revelación

sino por rebelión, no porque les fue revelado sino porque se rebelaron, pero ya libres

de los hombres no se les ha visto llegar fatigados, vencidos y renunciados a los pies

del Vencedor, no han reconocido su incapacidad y su repetitivo fracaso, no han

entregado las armas de su desafiante milicia; saben de memoria el discurso contra la

Gran Ramera, pero con sus obras niegan el Señorío de Cristo, sus vestidos son

adámicos, su ropaje es la higuera de antaño, remendada, envejecida y hedionda,

vestiduras viles que descalifican para la Gran Cena, cual aquella generación que salió

de Egipto pero no entró a la Tierra Prometida, sus cuerpos todos quedaron

descalificados en el desierto; con su incredulidad daban cuenta que aquello que

buscaban era la liberación de la dura esclavitud de Faraón, meramente, nada mas,

saciar sus vientres, estar cálidos y confortables, nada mas (Filipenses 3:18-19); pero no

entendieron que eran liberados de la esclavitud de Faraón para entrar al servicio de un

Rey Benévolo; ser libres para escoger hacer la voluntad de Dios, ser liberados para

elegir ser esclavos de Cristo, de quien es ligera su carga y fácil su yugo.

 

Selah

...Esos vestigios que veis, esos cansados y fatigados que veis, aquellos surcos

profundos en sus rostros, aquellos gestos de militante derrotado, esos golpeados

contra la misma Piedra vez tras vez, esos que veis con lástima y desdén, de esos que

os burláis hoy; no están destruidos, no están vencidos para mal; esos esclavos que

veis, no lo son por fuerza o por cadenas de metal sino esclavos de voluntad; no rodean

sus cuellos grillos de hierro sino coyundas de amor, su yugo no es de pesado fierro

sino uno voluntario, fácil y de carga ligera; son los escapados de las naciones, reunidos

a la Voz del que los llamó (Isaías 45:20);

 

...Hartos de engaños, entrenados en el crisol, hartos de amarguras, entrenados en

sufrimientos, hartos de afrentas, entrenados en desengaños; cansados de mentira,

avezados en tropezar contra la misma piedra, Roca que estorba su propia y testaruda

vida, vez tras vez, una tras otra ocasión, aprendieron de sus torpes escogencias a no

hacer mas elección, a negar su propia elección, y aunque intuyen la respuesta,

aprendieron a responder: “Señor, tu lo sabes”.

 

...Esos de quien os burláis no caminan así por llamar la atención, fueron

descoyuntados para que renquearan el resto de sus vidas, para que mas no pudieran

caminar a su antojo, para que de ellos no se enseñoreara mas la sabiduría que los

envanece, la que primero se muestra terrenal, luego se torna animal y al fin deviene en

diabólica (Santiago 3:15);

 

...Y esos cintos de cuero con que ciñen sus lomos, esas viles vestiduras a los ojos de

este mundo con que cubren su ser, son el sello de un pacto de sangre que hicieron con

su Formador, atavío precioso a los ojos de su Amo, ornato de su alma purificada;

...Y esa lezna que veis con desprecio, ha sido implorada de corazón, servidumbre

anhelada que les ha abierto el camino para ser llamados Amigos, a ellos, indigentes

ante el Autor de la Vida.


...Pero vendrá, sí vendrá, y estará muy a punto cuando se cumpla la hora y el tiempo

señalado, hasta que se muevan no ya por voluntad individual, ni por autónoma

iniciativa, sino como las ruedas que se movían hacia donde los cuatro seres se movían

(Ezequiel 1: 20); como aquel detalle del pueblo de Israel en el desierto que tantos

pasan por alto (Números 9:17-23); como el Primogénito les dio ejemplo, como el

Hermano Mayor les marcó el camino, pues que nada hacía de sí mismo (Juan 5:19),

solo obraba cuando su Padre obraba (Juan 14:10), que se movía hasta cuando su

Padre lo movía en su interior (Juan 7:8-10), hasta que sean de la misma calidad, de la

misma simiente, del mismo trato, del mismo bautismo, del mismo azote, de la misma

muerte, de la misma copa, quienes hayan sido entregados a los mismos heridores, que

han soportado el mismo oprobio, el mismo escarnio, hasta que sean uno con El y digan

lo mismo que dice el Espíritu de Verdad, y hablen una misma cosa, y sean hallados

dignos de decir al unívoco: Ven (Apocalípsis 22:17).