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UN PUEBLO ÚNICO Y DIFERENTE

En el maravilloso libro de Deuteronomio, Moisés habla al pueblo de Israel justo antes de ser introducido en la tierra prometida; les recuerda que son un pueblo escogido por Dios, para ser un pueblo único y diferente; pero les deja claro, que no han sido escogidos por ser una maravilla, sino, porque ellos eran los más insignificantes de los pueblos.

Deu 7:6 Porque tú eres pueblo santo al SEÑOR tu Dios; el SEÑOR tu Dios te ha escogido para serle un pueblo único, diferente a todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra.

Deu 7:7 No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha codiciado el SEÑOR, y os ha escogido; porque vosotros erais los más pocos de todos los pueblos;

Deu 7:8 sino porque el SEÑOR os amó, y quiso guardar el juramento que juró…

Notemos que el Señor nos amó y eligió para ser Su pueblo con un claro y específico propósito: El de ser un pueblo único y diferente.

El diccionario nos define la palabra único como una cosa de la cual o de cuya especie no hay otra; o también como de algo extraordinario.

De la palabra diferente nos dice que no es igual, que tiene otras características y cualidades.

Es por esto que el apóstol Pablo en su carta a los Romanos, inspirado por el Santo Espíritu, nos dice:

Rom 12:1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto.

Rom 12:2 Y no os conforméis a este siglo; mas trasformaos por la renovación de vuestra alma, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

La palabra conformar se define como dar forma a una cosa, y el mensaje aquí es que no tomemos la forma de este siglo, del mundo, andando y viviendo de la misma manera.

Si no existe diferencia con el mundo, este no podrá ver, ni conocer al Señor; recordemos que cuando Cristo oró por la unidad del Padre y de Él con Su pueblo, dijo que era con el fin de que conocieran al Padre y al Hijo, pues esto es la Vida Eterna.

Ahora, es claro que no podemos santificarnos (separarnos, apartarnos para Dios), por nosotros mismos, es el Señor mismo quien nos santifica, y quien santificará Su Nombre en medio de Su pueblo.

Es más, Su promesa es introducirnos en la tierra prometida, que es Su misma Vida; y como lo dice el pasaje de Deuteronomio, no es porque fuéramos gran cosa que nos eligió con ese propósito, sino, por todo lo contrario; pues Cristo vino fue por quienes tenemos necesidad de médico.

En el camino de Egipto a la Tierra prometida, es obligatorio y necesario el paso por el desierto, pues es allí donde aprenderemos que no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Es en el desierto donde somos afligidos y probados, para mostrarnos nuestra condición y la necesidad que tenemos de médico, de Salvación; es decir, somos afligidos y probados para a la postre hacernos bien.

Moisés reitera al pueblo que no piense en su corazón que es por su propia justicia, ni por la rectitud de su corazón que el Señor los introduce a heredar la buena tierra, por el contrario, les dice que son un pueblo duro de cerviz y que han sido rebeldes desde la salida de Egipto.

Hermanos, así es hoy con la iglesia; hemos sido y somos duros de cerviz y rebeldes; incluso habiendo sido testigos de todas las maravillas del Señor a favor nuestro en medio del desierto espantoso y terrible por el cual nos ha traído, como el hombre trae a su hijo; incluso sabiendo que hemos sido comprados a gran precio, no con oro, ni con plata, sino con la preciosa sangre derramada por nosotros en la cruz, y que por lo tanto no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que pertenecemos a aquel que nos amó, sufrió y murió en la cruz para salvarnos.

Es el deseo de nuestro Señor llevarnos a la Luz, y a toda Verdad, mostrándonos nuestra condición pobre, miserable, desnuda, ciega y desventurada; con el fin de guiarnos a un verdadero arrepentimiento, pues hasta ahora hemos vivido para nosotros mismos y no para Él, pues hasta hoy, no hemos buscado lo de Cristo, sino lo propio; hasta el presente, lo mejor que hemos sabido hacer es salvar nuestras vidas.

¿Y entonces dónde está ese pueblo único y diferente conforme al deseo y propósito del Señor?

Está en formación, está en preparación con los profundos tratos, fuego y disciplina del Señor; pero de nuevo, todo esto con el fin de guiarnos a un verdadero arrepentimiento, con la meta de formar a Cristo en nosotros y de que seamos hallados santos, sin mancha, ni arruga o cosa semejante delante de Él; con el único propósito de que ya no viva yo, sino Cristo; pues Él y solo Él, vive para la Gloria del Padre, para hacer la voluntad del Padre y para agradarlo siempre y en todo.

El Señor me mostraba y hablaba a mi corazón diciéndome que había tratado de vivir la Vida que solo Él puede vivir; me mostraba también mi profundo fracaso en tratar de seguirle y servirle; pero finalmente venía Su esperanza y Su consuelo.

El Señor dio tres cortos sueños especiales que quisiera compartir con ustedes, pues son como lo he dicho de consuelo y esperanza para Su pueblo.

En el primero, me encontraba preso en una celda, entre rejas; entonces vi como aparecía un hombre; que luego entendí era el Señor, con unas llaves en Su mano y abría la cárcel para dejarme, dejarnos en libertad. Recordemos que donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad, y la verdadera libertad, es para hacer Su voluntad.

El segundo sueño, se lo dio el Señor a Su amado siervo Félix Abadía, con quien hemos compartido maravillosas experiencias llevando biblias por las selvas de Chocó en nuestro país, Colombia.

En el sueño íbamos en una pequeña canoa cruzando un río, a encontrarnos con una tribu de indígenas; entonces la pequeña embarcación naufragó y éramos arrastrados por la corriente; apareció entonces un hermano (el Señor), quien nos rescató del naufragio, y nos llevó a la orilla, la cual estaba repleta de árboles con fruto.

Bendito sea Su Nombre. Rescatados de nuestro naufragio y llevados al Fruto de Justicia, a su misma naturaleza.

Y en el tercer y último sueño, me encontraba con mi esposa en un apartamento estrecho y oscuro; entonces entró una llamada al teléfono; contesté, pero además de oscuridad, había mucho ruido y no podía escuchar con claridad la voz de quien me hablaba; procurábamos entonces apagar el ruido y encontrar la luz; fue entonces cuando se me ocurrió mirar la pantalla del teléfono para ver el número o el nombre de quien marcaba; entonces vi, que decía en letras mayúsculas: ISRAEL. Desperté entonces y el Señor habló a mi corazón y me dijo: Serán llamados por Mi Nombre, Mi naturaleza será sobre ustedes.

Los dos últimos sueños fueron dados después de haber escapado del frente de batalla en las selvas de Chocó, procurando salvar mi vida, cuando me encontré con mi condición de falta de Su Amor; aquel Amor que entrega la vida por los demás.

Pero hermanos es Su voluntad perfeccionarnos y completarnos, para que seamos una manifestación de Su Gloria para un mundo perdido, en profunda esclavitud y tinieblas.

Rom 8:18 Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.

Rom 8:19 Porque la esperanza solícita de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios.

Rom 8:20 Porque las criaturas sujetas fueron a vanidad, no de su voluntad, sino por causa del que las sujetó,

Rom 8:21 con esperanza que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Rom 8:22 Porque ya sabemos que todas las criaturas gimen (a una), y (a una) están de parto hasta ahora.

Rom 8:23 Y no sólo ellas, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos esperando la adopción, es a saber, la redención de nuestro cuerpo.

Padre, gracias por tu disciplina, por tu fuego y tratos con nosotros, para que participemos de Tu Santidad y de Tu Justicia. Gracias que nos has matriculado en la escuela de aprender a vivir día a día y a depender de ti; de aprender a confiar en ti y a no afanarnos por el sustento y el abrigo; gracias que nos llevas camino de la Libertad, de la Obediencia perfecta, de vivir para ti y no para nosotros mismos.

Padre gracias que nos has amado y nos elegiste para ser un pueblo único, especial y diferente, para que entonces Tú seas glorificado y tengas deleite en Tu corazón.

Señor, no podremos graduarnos de esta escuela por nuestras capacidades, pues somos bastante lentos y torpes para aprender; sólo podremos tener el certificado que tu deseas, por tu GRACIA e infinito amor.

El Señor me mostraba el certificado que desea que tenga Su pueblo, cuando yo andaba buscando certificados dados por el mundo con el fin de conservar mi trabajo como profesor, el cual Él ha estimado conveniente quitar:

1Jn 3:16 En esto hemos conocido la caridad de Dios, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los Hermanos.

1Jn 3:17 Más el que tuviere bienes de este mundo, y viere a su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo permanece la caridad de Dios en él?

1Jn 3:18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino con obra y de verdad.

1Jn 3:19 Y en esto conocemos que somos de la verdad, y tenemos nuestros corazones certificados delante de él.

Santifica Tu Santo Nombre Señor.