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ESPÍRITU DE FORNICACIONES LO ENGAÑÓ

Vivimos en los últimos tiempos antes del regreso de nuestro Señor Jesús el Cristo a la Tierra, en  tiempos peligrosos y de mucho engaño.

Precisamente cuando los discípulos preguntaron a Jesús acerca de los acontecimientos antes de Su regreso, Él lo primero que les advirtió fue acerca del engaño.

¿Y que es engaño? Pues es creer la mentira como la verdad; y es según la escritura el resultado de precisamente rechazar la Verdad. Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Pues en tiempos de los reyes de Israel (como lo hace ahora), el SEÑOR, levantó profetas para que llevaran Su mensaje a un pueblo que se había apartado de Sus caminos para andar en pos de lo que no conviene.

Escuchemos lo que habló entonces el Señor a través de Oseas, y que nuevamente habla hoy a Su pueblo, que igualmente anda en pos de la vanidad y la mentira.

El mensaje comienza diciéndole a Oseas que se tome una mujer fornicaria, e hijos de fornicaciones, pues la tierra se daría a fornicar apartándose del Señor.

Apartarse del Señor es apartarse de Sus caminos, de hacer las cosas a Su manera, en Su tiempo, para seguir los caminos de la dureza del corazón, de la propia invención, a lo que el Señor llama fornicación; es decir, hacer lo que nos parece, o nos da la gana, y no lo que dice Él.

¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que os digo?

El Señor dijo a Su pueblo a través de su profeta cosas como:

Ose 4:7 Conforme a su grandeza así pecaron contra mí; yo pues, también cambiaré su honra en afrenta.

Ose 4:8 Comen del pecado de mi pueblo, y en su maldad levantan su alma.

Ose 4:9 Tal será el pueblo como el sacerdote; y visitaré sobre él sus caminos, y le pagaré conforme a sus obras.

Hoy hay un pueblo yendo en pos de grandezas, pero el Señor dice que de acuerdo o conforme a su grandeza pecaron contra Él; es decir, a mayor grandeza, más pecaron.

También, igual hoy, muchos de estos que llaman, dicen y creen ser “grandes”, comen del pecado del pueblo del Señor.

Escuchemos lo que dijo el Señor por medio de su siervo Isaías:

Isa 3:12b Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen la carrera de tus caminos.

¡Tal será el pueblo como el sacerdote! Si el sacerdote es Cristo, seremos como Él; ¿Pero si es un hombre que dice ser enviado por el Señor, y que Él no ha enviado, que tiene la piedad como fuente de ganancia? ¿Que vive para lo temporal y terrenal?

No han notado que el pueblo que sigue a dicho hombre, también es como él; con su corazón lleno de avaricia, de amor al mundo, al dinero, lleno de adulterio y fornicaciones.

Pues en los versículos siguientes el Señor sigue hablando a Su pueblo que se ha apartado de Él; y entendamos que participar de ritos religiosos, de sacrificios, de mandamientos y doctrinas de hombres, de fiestas solemnes, cuando el corazón está lejos del Señor y se anda en caminos propios en pos de lo del mundo es estar apartado del Señor.

Ose 4:12 Mi pueblo a su madero pregunta, y su palo le responde, porque espíritu de fornicaciones lo engañó, y fornicaron debajo de sus dioses.

Veamos como el engaño viene como resultado de un espíritu de fornicación; ahora, la fornicación en lo natural es una sombra de la fornicación espiritual, de la cual habla la escritura, a través del apóstol Santiago:

Stg 4:3 Pedís, y no recibís; porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

Stg 4:4 Adúlteros, y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios.

Es claro pues por el pasaje anterior, que la fornicación y el adulterio son la amistad con el mundo, que es el sistema de cosas ordenada por el dios de este siglo para hacer las cosas a su manera, y no a la manera de Dios.

Lo triste es que mucho del pueblo que dice ser del Señor, anda en pos de las cosas del mundo, pidiendo mal, para gastar en sus propios deleites; pues tal como el sacerdote será el pueblo, y el espíritu de fornicaciones los ha engañado, entonces llaman a lo bueno malo y a lo malo bueno.

Lo del mundo, es lo bueno para ellos; que profanos como Esaú, rechazan la primogenitura, su herencia celestial en Cristo, y la cambian por las cosas de este siglo. En cambio a lo que Dios llama bueno, Su camino para Vida, el camino de la cruz, de la muerte del yo, ellos llaman malo.

Más adelante, en el capítulo cinco, el Señor continua hablando y denunciando la rebeldía de Su pueblo, esperando se vuelvan de sus malos caminos.

Ose 5:1 Sacerdotes, oíd esto, y estad atentos, Casa de Israel; y Casa del Rey, escuchad: porque para vosotros es el juicio…

Ose 5:2 Y matando sacrificios han bajado hasta lo profundo; por tanto, yo seré la corrección de todos ellos.

Tremenda y terrible cosa dice el Señor a Su pueblo, y es que han bajado hasta lo profundo, además les muestra la manera en que lo han hecho: con sacrificios.

1Sa 15:22 Y Samuel dijo: ¿Se complace el SEÑOR tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del SEÑOR? He aquí, el obedecer es mejor que un sacrificio, y el prestar atención, que la grosura de los carneros.

1Sa 15:23 Porque la rebelión es como pecado de adivinación, y la desobediencia, como iniquidad e idolatría.

Y nuevamente en el versículo cuatro, repite:

Ose 5:4 No pondrán sus pensamientos en volverse a su Dios, porque espíritu de fornicación está en medio de ellos, y no conocen al SEÑOR.

Es un pueblo que dice conocer al Señor, pues guarda toda clase de ritos y ceremonias de hombres, pero el Señor dice que no le conocen, pues  en ellos hay un espíritu de fornicación, de amor por las cosas del mundo.

Recordemos estas palabras inspiradas por el Santo Espíritu del Señor:

Heb 13:5 Sean las costumbres vuestras sin avaricia, contentos de lo presente (porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.)

1Ti 6:6 Pero gran ganancia es la piedad con contentamiento.

1Ti 6:7 Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.

1Ti 6:8 Así que, teniendo sustento y con qué cubrirnos, estemos contentos con esto.

1Ti 6:9 Porque los que quieren enriquecerse, caen en tentación y en lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición.

1Ti 6:10 Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males; lo cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

La pregunta es: ¿Estamos contentos con sustento y abrigo? ¿Queremos enriquecernos? ¿Cuál es nuestra meta, conseguir las cosas del mundo, o conseguir la Vida Eterna, la misma Vida de Cristo?

Recordemos que aunque no nos guste el pasaje: No se puede servir a dos señores, no se puede servir a Dios y a las riquezas. Si vamos pues en pos de riquezas terrenales, nunca alcanzaremos la Vida de Cristo. ¿No es Cristo nuestro único deseo en la tierra, o todavía andamos con otros deseos, es decir con mezcla y contaminación?

Pues, la buena noticia es que hay una medicina para el asunto, y es el bautismo en Fuego, en Espíritu Santo y Fuego, para quemar toda impureza y toda atadura al mundo, para ser librados de arrastrarnos en la barriga como la maldición de la serpiente, diablo, y ser llevados a las alturas, a la libertad, a ser uno con nuestro Señor y Cristo.

¿Acaso queremos ser destruidos en destrucción y perdición? Esta es la advertencia solemne por parte de nuestro Dios, ¿Entonces por qué seguir insistiendo y yendo en pos del oro de este mundo?

Además el Señor agrega: HUYE DE ESTAS COSAS. ¿Estamos haciendo caso? ¿Estamos huyendo de querer enriquecernos?

Es tan triste hablar con pueblo del Señor, y ver (De la abundancia del corazón habla la boca, y donde está tu tesoro, allí también estará tu corazón), como para nada hay contentamiento con sustento y abrigo, que hay deseo de riquezas, que se pide mal, para conseguir lo del mundo. Cuando el Señor nos prometió que si buscábamos primero Su Reino y Justicia, Él nos añadiría lo necesario.

Cantidad de pueblo esclavo y enredado a sus posesiones materiales; cuando el Señor quiere ser nuestra posesión y que estemos en Libertad y reposo, no viviendo para lo visible y perecedero, sino para Él, para hacer Su voluntad, y entonces heredar la Vida.

1Ti 6:11 Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la tolerancia, la mansedumbre.

1Ti 6:12 Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual así mismo eres llamado, habiendo hecho buena profesión delante de muchos testigos.

Se nos invita a huir de querer las riquezas y a pelear la batalla de la fe, echando mano de la vida eterna; no del oro del mundo.

El asunto de la fe es una batalla, es aprender matriculados en la escuela del Santo Espíritu, a no vivir por lo que se ve, sino a confiar de todo corazón en el Señor, a depender de Él, y a vivir día a día sin afanarnos por el mañana, sabiendo que estamos en sus manos, que Él tiene el control, que no caerá un pajarillo a tierra si no es Su voluntad, y que todos nuestros cabellos están contados.

Para terminar echemos una mirada a un pasaje más del libro de Oseas, para que conozcamos acerca del plan salvador de nuestro Dios para con nosotros:

Ose 6:1 Venid y volvámonos al SEÑOR; que él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Ose 6:2 Nos dará vida después de dos días; al tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.

Ose 6:3 Y conoceremos, y proseguiremos en conocer al SEÑOR, como el alba está aparejada su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.

Bendito su Nombre por los siglos. Su invitación es volvernos a Él, reconociendo que le hemos dejado, que nos hemos apartado de Él, yendo en pos de buscar lo propio, en pos de fornicaciones con el mundo, y que hemos andado en obras muertas y de tinieblas.

La medicina del Señor: Arrebatar y herir, pero para a la postre hacernos bien: Curarnos y vendarnos.

El Señor debe arrebatarnos del corazón y de las manos cosas que no convienen, que por el contrario nos hacen daño, pues nos apartan de Él, para andar en caminos inmundos que llevan a la perdición, a la muerte.

El Señor debe herirnos primero, para luego curarnos; debemos ser quebrantados y humillados bajo Su poderosa mano, para que también participemos de Su Santidad y de Su Justicia, de Su naturaleza y Amor, que ya no busca lo propio, ni lo del mundo, sino lo de Cristo.

Al tercer día seremos resucitados y entonces viviremos para siempre en Su Vida, y entonces conoceremos y proseguiremos en conocerle por siempre. (Para el Señor, un día son como mil años, y mil años como un día).

Como el alba está aparejada su salida, y vendrá a nosotros, como la lluvia temprana y tardía. Esto es la doble porción, la plenitud del Espíritu.

 

Padre: Conviértenos a ti de todo nuestro corazón, para que no vayamos más en pos de ídolos ni de  fornicaciones con el mundo; esparce sobre nosotros agua limpia y lávanos más y más de nuestra iniquidad, para que seamos para tu gloria y para el deleite de tu corazón.