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EN EL BARCO CON EL REY

Los discípulos de Cristo tuvieron unas experiencias bien interesantes mientras estaban en una barca con el Rey. Si hemos clamado al Señor con corazón sincero para seguirle donde quiera que vaya, para ser sus verdaderos discípulos, Él nos llevará a participar de estas experiencias en su barca. Miremos algunas de ellas en la escritura y pidamos que Su Espíritu nos enseñe a través de estas y tome más de Cristo para hacérnoslo saber.

Mat 14:22 Luego Jesús hizo a sus discípulos entrar en un barco, e ir delante de él al otro lado del lago, entre tanto que él despedía a la multitud.

Mat 14:23 Y despedida la multitud, subió en el monte, apartado, a orar; y cuando llegó la tarde del día, estaba allí solo.

Mat 14:24 Y ya el barco estaba en medio del mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario.

Mat 14:25 Mas a la cuarta vela de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el mar.

Mat 14:26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: Fantasma es. Y dieron voces de miedo.

Mat 14:27 Pero enseguida Jesús les habló, diciendo: Confiad, YO SOY; no tengáis miedo.

Este pasaje sucede exactamente después de que el Señor multiplicó los cinco panes y los dos peces. Veamos como Cristo mismo hizo que sus discípulos entraran en un barco, pues tenía una lección que enseñarles.

¿Te has encontrado alguna vez en medio de una tempestad, atormentado en ella, y el viento te ha sido contrario?

Pues déjame decirte, que el mismo Señor ha preparado esa tempestad, con el fin de llevarte a crecer en la fe y en el conocimiento de Él.

Jesús permaneció orando solo en el monte y así se encontró cuando llegó la tarde (primera vela de la noche), en este momento el barco ya estaba siendo atormentado por la tempestad; sin embargo nuestro Señor no acudió en ese mismo instante a sus discípulos, Él esperó hasta la cuarta vela. Es decir, los dejó en medio de la tempestad hasta que se acercaba el amanecer.

Nota: Entre los hebreos, griegos y algunas otras naciones la noche se dividía en cuatro partes que se llamaban velas o guardias vigiliae, custodiae porque durante ellas velaban tanto los que estaban de guardia militar como los pastores que guardaban los rebaños y duraban unas tres horas cada una. La primera comenzaba luego de puesto el sol y se llamaba tarde, vespere, y duraba más o menos hasta las nueve; la segunda, desde esta hora a las doce y se llamaba media noche; la tercera, de las doce a las tres y solían llamarla canto del gallo y la cuarta, desde las tres hasta las seis o salida del sol a la cual llamaban mañana, mane o custodia matutina.

Los discípulos se encontraban pues, no solo en medio de una fuerte tempestad, sino además en medio de la noche, de la oscuridad. ¿Te ha sucedido? Pues el mismo Señor te ha hecho subir en ese barco aparejado para sus verdaderos discípulos.

Hermanos, ya pronto amanecerá un Nuevo Día, la noche va pasando, y pronto brillará el Sol de Justicia. Levantemos la cabeza que se acerca nuestra Redención.

Rom 8:28 Y ya sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, a los que conforme al Propósito son llamados (a ser santos).

Rom 8:29 Porque a los que antes conoció, también les señaló desde antes el camino para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el Primogénito entre muchos hermanos;

Rom 8:30 Y a los que les señaló desde antes el camino , a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificará.

Si como lo hemos mencionado, deseamos ser discípulos verdaderos, todas las cosas nos ayudarán para bien, y tendrán el propósito de llevarnos a ser santos, a ser conformados a Su imagen. Este es el fin de la tempestad durante la larga noche.

Santo es aquella persona que por obra del Espíritu de Cristo, a través de muchas tormentas, es llevada a aprender la obediencia, y que entonces sólo vive para hacer la voluntad del Padre celestial.

Heb 12:25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que hablaba en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros, si desecháramos al que habla desde los cielos.

Heb 12:26 La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aún una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

Heb 12:27 Y lo que dice: Aún una vez, declara el quitamiento de las cosas movibles, como de cosas hechizas, para que queden las que son firmes.

Heb 12:28 Así que, tomando el Reino inmóvil, retengamos la gracia por la cual sirvamos a Dios, agradándole con temor y reverencia.

Heb 12:29 Porque nuestro Dios es fuego consumidor.

Este es otro propósito del sacudón en medio de la tempestad: El quitamiento de las cosas movibles, hechizas, para que queden las que son firmes, y así tomemos el Reino no movible. Quitar todo lo nuestro, lo de la carne, para que solo quede lo de Cristo en nosotros.

Solo siendo sacudidos y trasvasados nos quitarán el mal olor y sabor que tenemos por naturaleza, para que llevemos el olor y la fragancia de Cristo; para que seamos perfume e incienso y no hedor a la nariz del Señor.

Las palabras maravillosas para sus discípulos en medio de la tempestad son: Confiad, YO SOY; no tengáis miedo.

Es la mano del Señor,  Él tiene el control, y todo es preparado por Él para hacernos bien. No es un accidente, no cae un pajarillo a tierra, sino es Su voluntad, nuestros cabellos están todos contados.

En el libro de Marcos  capítulo 8, encontramos otro pasaje bien especial en una barca. Echemos una mirada al contexto, a lo sucedido justo antes de entrar en el barco con el Señor:

Mar 8:1 En aquellos días, como otra vez hubo gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo:

Mar 8:2 Tengo misericordia de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo; y no tienen qué comer.

Mar 8:3 Si los envío en ayunas a sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos.

Mar 8:4 Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar a éstos de pan aquí en el desierto?

Mar 8:5 Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete.

Mar 8:6 Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, partió, y dio a sus discípulos que pusiesen delante; y los pusieron delante a la multitud.

Mar 8:7 Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.

Mar 8:8 Y comieron, y se saciaron; y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.

Mar 8:9 Y eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió.

Y luego:

Mar 8:10  Luego entrando en el barco con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.

Mar 8:11  Y vinieron los fariseos, y comenzaron a altercar con él, demandándole señal del cielo, tentándole.

Mar 8:12  Y gimiendo de su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.

Mar 8:13  Y dejándolos, volvió a entrar en el barco, y se fue a la otra ribera.

Veamos lo que ocurre inmediatamente después:

Mar 8:14 Y se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en el barco.

Mar 8:15 Y les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.

Mar 8:16 Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos.

Mar 8:17 Y como Jesús lo entendió, les dice: ¿Qué altercáis, porque no tenéis pan? ¿No consideráis ni entendéis? ¿Aún tenéis ciego vuestro corazón?

Mar 8:18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no os acordáis?

Mar 8:19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce.

Mar 8:20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete.

Mar 8:21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?

Estando los discípulos con Jesús en el barco, se encontraron con que el pan se agotaba, y además debido a esto, altercaban entre ellos. No prestaban atención a las palabras del Maestro, acerca de  guardarse de la levadura de los religiosos y políticos, pues se encontraban enfocados en la falta de pan.

Si andamos en el barco con nuestro Señor, también seremos llevados a esto: El pan se ha agotado. La barca es la escuela del Espíritu para aprender a depender y confiar totalmente en Cristo.

En la barca estamos aprendiendo a conocerle a Él, a vivir para Él, a buscar primero Su Reino, a no afanarnos por sustento y abrigo, por nada, a echar toda carga y ansiedad sobre Él, pues Él tiene cuidado de nosotros.

Si todavía no has participado de este viaje en el barco, pero deseas de todo corazón ser Su discípulo, pronto te tocará, pues necesaria es esta travesía para ser conformados a Su imagen; sin ella estaremos incompletos, seguiremos buscando que comeremos y que vestiremos como la gente del mundo.

Igual que los discípulos que en medio de la necesidad, no recordaron las maravillas de las que habían sido testigos, así nos ha sucedido: olvidamos en esos momentos las veces que hemos contemplado la mano del Señor haciendo milagros para suplir nuestras necesidades.

Notemos que Cristo tiene misericordia ya que la gente no tenía que comer, además de que conoce perfectamente que desmayaremos en el camino si permanecemos en ayunas.

Lo otro es, que en este camino por el desierto, de paso a la tierra prometida, no es posible para el hombre por sí mismo obtener el sustento, pues desde luego el desierto no produce alimento, por lo que somos llevados a depender totalmente del Señor.

Los discípulos preguntaron:

¿De dónde podrá alguien saciar a éstos de pan aquí en el desierto?

Entre otras, al desierto somos llevados para conocer que no es por nuestra fuerza, sino por Su misericordia, por Su Espíritu; allí debemos ser conducidos al fin de nuestros propios recursos, a la nada, para que entonces Él sea el todo en nosotros, pues de lo contrario, todo lo que hagamos “para el Señor”, será nuestra obra y no la de Él.

Otra historia muy interesante de Cristo con sus discípulos en un barco se nos narra en Marcos capítulo 4:

Mar 4:35 Y les dijo aquel día cuando fue tarde: Pasemos al otro lado.

Mar 4:36 Y enviando la multitud, le tomaron como estaba en el barco; y había también con él otros barquitos.

Mar 4:37 Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las olas en el barco, de tal manera que ya se llenaba.

Mar 4:38 Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dijeron: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?

Mar 4:39 Y levantándose, increpó al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fue hecha grande bonanza.

Mar 4:40 Y a ellos dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

Mar 4:41 Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?

En esta tempestad el barco se llenaba de agua, es decir, tenía peligro de naufragar; también a eso hemos sido llevados, hemos estado a punto de hundirnos y perecer en medio de la tormenta;  el Señor viaja con nosotros, pero a veces Él duerme en medio de la tempestad,  entonces igual que los discípulos clamamos: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?

Él si tiene cuidado de nosotros, tanto que ha preparado esta terrible y espantosa tempestad para llevarnos a que como Él, descansemos en medio de ella, para que nuestra fe aumente; ¿o es que no le hemos pedido que ayude a nuestra incredulidad, que aumente nuestra fe? Pues la tormenta es la respuesta a nuestra genuina petición; ya que como el oro, la fe se purifica con el fuego para que sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando Él regrese a la tierra, y tengamos como fin, la salvación de nuestras almas.

¿Qué nos dice el Señor?

¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

El Señor tiene control aun de la tempestad, y Él ordenará que cese y haya calma en Su tiempo, cuando cumpla Su propósito.

Padre: Ayuda a nuestra incredulidad; que al fin podamos entender, que nuestro corazón no esté más ciego. Rogamos por ojos para ver y oídos para oír, por un corazón de fe para conocerte, creerte y honrarte andando en obediencia, buscando primero tu Reino, y no que comeremos o vestiremos.

Llévanos por amor de tu Nombre a la plenitud del Cristo, al reposo, a ser uno contigo.  Amén.