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Somos Hechura Suya

Octubre 4 de 2017  

Dirigido por el Espíritu

Septiembre 23 de 2017

Advertencia Profética Solemne

Esta profecía fue dada al Cuerpo de Cristo a través del anciano hombre de Dios Stanley Frodsham en el Instituto Bíblico Elim en New York (Estados Unidos) en el año 1965. Confirmada por las Escrituras y por los mensajes en el Espíritu de otros hombres de Dios contemporáneos a él.

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Septiembre 12 de 2016

 

 

 

CUANDO EL CIELO TOCA LA TIERRA

“Oh, sí rompieses los cielos,”

Así clamamos nosotros con el antiguo profeta…

“Y se escurriesen los montes,

Para que hicieras notorio tu Nombre.”

Cuando nuestros recursos se acaben

Y nuestras fuerzas disminuyan,

Y pacientemente hagamos tu voluntad

Y a Él le demos todo, y nuestros planes cancelemos

Y ante Él lo pongamos todo,

Cuando lleguemos al fin de nuestros recursos,

Y tengamos que aprender a esperar y a resistir,

Él se adelantará para encontrarnos allí,

Y el cielo tocará la tierra.

Porque ojo no vio, ni oído oyó

Las maravillas que hace Él,

En los vasos preparados por Dios

Y que han aprendido a esperar en Él.

Pero esperar en Dios no significa

Descansar tranquilamente;

Porque mientras lo estamos esperando

Debemos hacer fielmente lo que Él nos dice:

Realizando labores serviles

En la tienda, o en el molino,

O recogiendo higos silvestres,

O guiando el arado,

O predicando a las multitudes

En los foros de la tierra,

Viajando por todas partes,

O sentándonos en la casa sin nada que decir,

Mudos – cuando El así lo dice.

Siempre haré Su voluntad,

Esperando en El para obrar.

Y quiero estar en el camino de Dios,

Cuando el Cielo se acerque a la tierra.

Creía que mi parte era hacer grandes cosas,

Por temor de encontrarme falto ante Su trono.

Pero ahora he aprendido que mi parte es esperar

A que Su obra se realice.

Y mientras espero y confío, y aprendo

Que sus caminos – y no los míos – son los mejores;

Que Sus caminos y los míos son los mismos,

Cuando aprenda a entrar en Su descanso.

Que su parte es mi parte, y Su carga, la mía,

Cuando comparta el yugo con El.

Así, trabajar para Dios ya no es mi búsqueda,

Sino trabajar junto con El.

Y no poder ya decir: “He hecho mi parte,

Ahora, aparece Tú en escena y haz la Tuya,”

Sino que viviendo en El como la rama en la Vid,

El fruto sea completamente Suyo.

Y así, los hombres de todas las épocas

Que anduvieron en la fe,

Fueron hombres que esperaron en Dios.

Y mientras esperaban,

Hacían lo que Él les había dicho,

Con paciencia, longanimidad y esfuerzo.

Viviendo en cavernas y huecos de la tierra,

Negándose a correr y a ser libres –

Prefiriendo morir por espada o por fuego –

Que tener la aprobación de los hombres.

Y mientras seguían los caminos del Señor,

Anhelaban encarecidamente el día

En que Dios escurriese los montes,

Cuando los cielos respondiesen a los hombres.

Así, ahora he aprendido que andar en la fe

Es andar con Dios en su camino;

Que todo lo que El pide es hacer Su voluntad,

Y dejarle a Él todos los planes.

Sea que se trate de apacentar las ovejas,

En las estériles laderas del Horeb,

O de cuidar los niños con solicitud amorosa,

Y lavar las ollas y las cacerolas,

O recoger higos silvestres,

Como el profeta Amós en la antigüedad;

O clavando clavos, o doblando hojalata,

O guiando el arado,

O llenando mis días con insignificantes obras

En la tienda  o en la línea de montaje…

Si esta es Su voluntad, aprender a servir,

Con fidelidad, honor y rectitud.

Entonces debo hacer esto, y ser fiel y verdadero,

Si espero oír Su: “¡Bien hecho!”

Si corro al frente, cuando Él dice: “¡Alto!”,

Si edifico, cuando Él quiere derribar;

Si busco aumentar, cuando Él dice: “Reducir,”

O corro, cuando Él dice que me quede quieto;

Si quiero acrecentar,

Porque grandes son las necesidades,

Cuando Dios quiere que tenga poco –

Porque El busca refinar el mineral que traigo,

Hasta dejar sólo el oro –

Y me horrorizo por los estragos que veo –

Que sólo dejan las cenizas –

Entonces El será fiel para mostrarme Su Palabra,

Y susurrar con clara convicción:

“Tus pensamientos no son Mis pensamientos,

Ni mis caminos son tus caminos,

He aquí la gran obra que yo hago,

Cuando los hombres pierden su fortaleza,

Y yo los revisto con la Mía,

Para que sigan un camino nuevo”.

Entonces la palabra se hace real cuando arraiga dentro

Y el conocimiento da paso a la verdad,

Y la esperanza se levanta fresca

De las cenizas de la desesperación,

Cuando sé que el Alfarero lo hará.

El me habla de José y de cómo fue entrenado

En la celda de la prisión solo y desnudo,

Para sentarse en un trono y ministrar el pan

A un pueblo que vivía desesperado.

Me recordó a Moisés y la visión que él tuvo,

De cómo su culpa fue tornada en fortaleza,

De cómo andando con Dios se volvió dócil y manso,

Probado en el horno del Tiempo.

De cómo su encuentro con Dios había sido dispuesto

En los concilios secretos del Cielo.

Y de cómo Dios se acordó del clamor del esclavo,

Cuando habló desde la zarza ardiente.

O cómo intentamos que el Cielo responda

A nuestras oraciones, necesidades y miserias;

Y planeamos, y toleramos, y arreglamos, y promovemos,

Como Jacob, un hombre lleno de engaños.

Sin embargo, suspiramos por Dios, y El espera

Con paciencia a que lleguemos al final del camino,

Y todos nuestros amores, tesoros y rebaños

Sean llevados hasta el otro lado del cruce.

Y nos quedamos solos en la oscuridad de la noche,

Para ser golpeados y lisiados por Dios:

Para que ya no sigamos la sabiduría de los hombres,

Para que ya no acumulemos, sino que demos –

Porque aquí estaba un hombre escogido por Dios

Desde su mismo nacimiento, pero que estaba manchado

Y Dios lo cambió y lo hizo de nuevo,

Cuando lo desafió allá en Peniel.

Los cielos se han movido muchas veces

Para responder a los clamores de la tierra.

Él vino para redargüir y para bendecir

Y para escudriñar los corazones de los hombres.

Él vino para condenar a la pareja que pecó,

Y entre los árboles estaban escondidos,

Y dio reparación por ellos con la sangre derramada,

Y los vistió con vestidos de pieles.

El bajó a Babel para enfrentarse con la multitud

Que edificaba la Ciudad y la Torre.

Y cuando Abraham caminó por las laderas de Moriah

Para devolverle a su hijo,

Ya Dios lo estaba esperando

Para recompensar su paciencia y su fe.

Se apareció ante moisés en un arbusto del desierto,

Y ante Josué como un fuerte capitán.

Vino a Samuel, cuando éste era un niño todavía,

Y permaneció al pie de su cuna,

Para darse a conocer de un hombre escogido

Que nutriría al pueblo de Dios.

Y vino de nuevo en la plenitud de los tiempos

A un mundo en tinieblas de pecado

Para revelar una gran Luz, para ser una gran Luz

Que iluminaría los corazones de los hombres.

Ni la tierra tembló, ni se estremecieron los cielos

Cuando El nació en una cuna de pajas,

Pero cuando Jesús nuestro Señor

Colgó en el Monte del Calvario

Para expiar los pecados de los hombres,

Sus últimas palabras hicieron temblar la tierra

Y que los cielos oscurecieran su rostro.

“¡Consumado es!” gritó, y dio Su Espíritu,

Terminando así la obra de la redención.

Después de tres días se levantó de entre los muertos,

Y revivió la esperanza en Sus discípulos,

Que querían decirle: “Quédate y se nuestro Rey”,

Pero, ¡No! Él debía ir al trono celestial,

Y desde allí debía gobernar y reinar,

Hasta cuando la tierra fuera sometida,

Y purificados los cielos,

Y El destruyera los reinos de los hombres…

Y así, El reina desde allí,

Y no desde un templo o desde un trono

Que los hombres hubieran erigido en la tierra,

Sino desde el mismo Cielo, con poder y con amor

Para cambiar los corazones de los hombres,

Para ministrar gracia en la tierra

Por su Espíritu de la Verdad, mediante hombres fieles

Que anden con El y que moren en la Vid,

Para que sus palabras sean las de Él y no las suyas,

Para el nacimiento de una nueva raza

Por la misericordia y por la gracia,

Y en la tierra engendrar Su propia especie.

Y El viene de nuevo, y así debemos esperarlo

Hasta cuando Su obra en el trono esté completa.

El viene por una iglesia purificada y limpia,

Por una esposa engalanada y pura,

Cuando el precioso fruto de la tierra esté maduro,

Y las malezas estén listas para ser quemadas…

Para recoger la cosecha que Él está esperando,

Y para pisar las uvas de Su ira.

“No temáis manada pequeña” es la Palabra que dice

A los que sufrirán con El,

Y que salen del campamento para marchar a Su lado,

Rechazados y odiados por los hombres.

Tal como antaño, una vez más los prisioneros gimen,

Y ser libre la creación anhela,

Y un pueblo de la Verdad, humilde y manso como El,

Está preparando Dios para ministrar la vida

Mientras vivan en la tierra,

Y oyen una Palabra pura desde el trono,

Para crear una nación nueva y una generación nueva,

Unidos con El por el Espíritu…

Para despedir una luz que iluminará la tierra,

Cuando ellos se calcen los zapatos de la paz.

Cuando en la tierra hablaba Dios, el Sinaí temblaba

En medio del trueno, del fuego y del humo.

Cuando El habló desde la Cruz,

Otra vez volvió a temblar la tierra

Y las tinieblas la cubrieron…

Pero una vez más dice el Señor

Con voz  que de la tierra no procede, sino del Cielo,

Que las cosas que son movibles deben ser removidas

Con terremotos y con fuertes remezones del Cielo,

Para que sean destruidos los reinos de los hombres,

Y los cielos se desplegarán como un rollo,

Porque El viene de nuevo,

Montado en caballo blanco vigoroso,

No en una asna con su cría,

Manso y humilde todavía, pero fuerte y todopoderoso,

Porque el León de Judea es el Cordero.

Y la tierra que una vez fue destruida

Con agua y con diluvio, pueda serlo por el fuego,

Y que los elementos se derritan

Y los cielos se disuelvan,

Consumidos por el aliento de Su boca.

Y que de las cenizas del antiguo,

Nazca un nuevo mundo santo, justo y puro.

Ni ojo vio, ni oído oyó

Lo que Dios ha preparado

-Mientras la luz del camino disminuye –

Para aquel que espera a Dios con corazón apaciguado,

Y clama para que choquen Tierra y Cielo,

Y para que se inunden las colinas y los montes,

Pues está seguro de que ha llegado el tiempo

Para que Dios baje y demuestre

Su fuerza y Su poder, y desnude Su brazo

Ante un pueblo oprimido y humillado.

“Tú lo hiciste antes… hazlo de nuevo, por favor,”

Es el clamor del corazón adolorido.

¿Por qué esperas cuando es tan grande necesidad?

¿Por qué Te tardas tanto?

Pero los clamores y las oraciones del alma adolorida

Están guardados todos en las redomas del Cielo,

Reservados para el día que Él ha preparado,

Para que los hombres lo conozcan,

Y cuando las vasijas de arcilla que lo esperan

Se levanten con la fortaleza de Su Señor

Y avancen en el esplendor de Su Nombre poderoso,

Vestidos con la armadura de Dios:

Con el yelmo de la salvación en su cabeza

Y ceñidos con la Verdad sus lomos,

Protegiendo su corazón con el peto

Y llevando el escudo de la fe;

Con hermosos pies calzados por el Señor

Con los zapatos del Evangelio de la Paz,

Y con la espada de dos filos que sale de sus bocas

Con Palabra cortante y destructora,

Porque los corazones de los hombres solo cambian

Cuando en escena aparezca el Maestro,

Y los cielos respondan a los clamores de la tierra,

Y Sus siervos hayan aprendido a estarse quietos.

 

George Warnock. Reacción en Cadena en Ámbitos del Espíritu.