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Esta profecía fue dada al Cuerpo de Cristo a través del anciano hombre de Dios Stanley Frodsham en el Instituto Bíblico Elim en New York (Estados Unidos) en el año 1965. Confirmada por las Escrituras y por los mensajes en el Espíritu de otros hombres de Dios contemporáneos a él.

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El Deseo del Humilde PDF Imprimir E-mail

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EL DESEO DEL HUMILDE

Dios conoce los deseos de nuestro corazón.

Sal 10:17 El deseo de los humildes oíste, oh SEÑOR; tú dispones su corazón, y haces atento tu oído;

Pedimos que podamos llevar abundante fruto para el Reino de Dios, y Él nos abate hasta el polvo; porque Él sabe que, a menos que el grano de trigo caiga en la tierra y muera, se queda solo, pero si muere da mucho fruto (Juan 12:24).

Pedimos que podamos oír Su voz más claramente en un mundo lleno de tantos sonidos confusos, y Él nos lleva a un desierto, y nos alimenta con el maná del cielo, para que podamos oír Su voz y saber que el hombre no sólo vive del pan, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor. (Deuteronomio 8:3).

Pedimos Su perdurable presencia… para andar en mayor intimidad con Él… y Él envía dificultades. Un abismo llama otro abismo cuando estamos hundidos en las cataratas del dolor, y clamamos ante Él, que está buscando una morada en el corazón contrito y humillado (salmo 42:7; Isaías 57:15).

Pedimos un expandimiento en Dios, y Él nos confina, y nos restringe, y nos encierra por todos lados. Y algunas veces, nosotros nos preguntamos si los demás están en lo justo cuando juzgan que estamos perdiendo el tiempo y malogrando nuestros esfuerzos, sin lograr nada de provecho para Dios o para el hombre (Isaías 49:4).

Porque Él sabe que es solamente cuando somos restringidos en nuestros caminos, y confinados a Su voluntad, y reducidos a Dios, cuando conocemos las alturas y profundidades que están en Él, y una puerta abierta hacia los cielos…

Si el deseo está allí para Él, solamente para Él, para conocerlo, para andar con él, para morar con Él… Él ve ese deseo, Él oye ese deseo como si fuera una oración ferviente del corazón y de los labios. Y Él será fiel para preparar nuestro corazón y llevarnos por el camino recto, por extraño que pueda parecer a nuestros propios ojos, o a los ojos de aquellos que no comprenden los caminos del Señor.

Sal 10:17 El deseo de los humildes oíste, oh SEÑOR; tú dispones su corazón, y haces atento tu oído.

George Warnock. El Huerto de Dios.