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Prisioneros del Señor PDF Imprimir E-mail

Junio 18 de 2017

 

 

PRISIONEROS DEL SEÑOR

Cuando tomamos Su Nombre y nos consagramos a hacer Su voluntad… esa libertad de hacer lo que queramos, de obrar a nuestro arbitrio, de vivir como nos plazca, de entrar al ministerio del Señor, o de ocuparnos en nuestros trabajos; de viajar, si lo deseamos, o de permanecer en casa cuando así lo queramos… son opciones que ya no estarán a nuestro alcance.

Pero antes de que podamos ser la clase de siervos que Dios quiere que seamos, Él quiere que sepamos que, primero que todo, somos hijos en la familia del Padre y, como tales, no somos “LIBRES” de hacer lo que creamos conveniente, sólo porque somos “los hijos del Rey”. Este parece ser el concepto general. Por el contrario, “los hijos del Rey” deben estar sometidos a una clase de disciplina mayor que los ciudadanos comunes y corrientes de la tierra. Su entrenamiento es mucho más especializado, y la disciplina a la que deben someterse es mucho más estricta que la que corresponde a la educación de los hijos del común de las gentes. Ellos están destinados a gobernar y a reinar… y si no aprenden una disciplina especial, a obedecer, a tener paciencia y a sufrir penalidades, Dios sabe que nunca podrán sostener las riendas de Su Reino.

 

Pablo escribe a los Efesios: “Yo pues, preso en el Señor…” Esto es, lo libero de su cautiverio. Todavía está prisionero, sí, todavía está en una celda de Roma, pero ahora él es un hombre libre, porque sabe que es un prisionero del Señor. Porque, ¿Quién es libre, sino el hombre que sabe que su prisión, su circunstancia presente, por cruel y aciaga que pueda ser, realmente ha sido ordenada por Dios para liberación de su alma? Porque, ¿Quién es libre, sino aquel hombre que sabe que él es verdaderamente un prisionero, en cautividad para su Señor?

 

George Warnock. La Familia de Dios.