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Advertencia Profética Solemne

Esta profecía fue dada al Cuerpo de Cristo a través del anciano hombre de Dios Stanley Frodsham en el Instituto Bíblico Elim en New York (Estados Unidos) en el año 1965. Confirmada por las Escrituras y por los mensajes en el Espíritu de otros hombres de Dios contemporáneos a él.

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MUERTE AL HOMBRE VIEJO

Cuando el hombre viejo, es atrapado en un rincón, es capaz de algunas negociaciones extremadamente convincentes.

Si el hombre viejo continúa viviendo en nosotros, el Señor Jesucristo no puede reinar en nosotros y a través de nosotros. Es así de sencillo. Si continuamos permitiendo que el hombre viejo viva, nunca podremos entrar en la herencia que Dios tiene para nosotros.

La verdadera heredad de la plenitud de la vida de Cristo no puede ser compartida con el hombre viejo.

Estamos viviendo en un tiempo cuando muchos son engañados, porque no están dispuestos a recibir la verdad. La única manera en que seamos salmos del engaño es abrazar al Señor Jesucristo de tal manera que el hombre de pecado. El hombre natural, el hombre viejo, no tenga lugar para esconderse.

Si vivimos en la presencia de Dios, la presencia de Dios matará el hombre viejo.

El único lugar posible para encontrar buen fruto es donde no está presente la maldición. El único lugar ahora mismo, donde no existe maldición es en la vida de Cristo.

¿Encontrará Jesús fe en nosotros cuando regrese? Él dijo que nos conocería por el fruto. Solamente la vida de Jesucristo produce buen fruto, y Él desea vivir dentro de nosotros y tomar completo control de todo nuestro ser.

El fruto del Espíritu es algo esencial, y no puede ser manufacturado por el hombre.

Sal 127:1 Si el SEÑOR no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el SEÑOR no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.

Oremos:

Padre celestial, Te pedimos claridad, de manera que podamos dejar nuestros deseos y aspiraciones a un lado y voluntariamente hagamos tu voluntad sin importar el costo.

Que podamos estar dispuestos a rendir el hombre viejo sobre tu altar y desistir de cualquier negociación de último minuto para mantenerlo vivo.

Te lo pedimos en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Martín Stendal. Libro Elías y Eliseo.