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¡Ah, Cuán Grande es aquel día! PDF Imprimir E-mail

Mayo 31 de 2011

 

 

 

¡AH, CUÁN GRANDE ES AQUEL DÍA!

¡Ah, cuán grande es aquel día! Tanto que no hay otro semejante a él; y tiempo de angustia para Jacob; más de ella será librado. Jeremías 30: 7

No existe otro día más grande y glorioso que el día del Señor; no hay otro semejante a él. ¿Qué sucederá en aquel día?

Primeramente es un tiempo de angustia para Jacob, ¿Y quién es Jacob? Es Israel antes de su conversión, es un pueblo que ha escuchado de Dios, pero que ha hecho las cosas a su manera; entonces tiene que pasar por un tiempo de angustia, de apretón y sacudón, para ser llevado a contemplar el rostro del Señor cara a cara, con el propósito de tener la bendición del Señor, con el fin de que su alma sea librada. ¿Librada de qué? De la esclavitud de hacer su propia voluntad y andar en sus propios caminos; del yugo de la vanidad, de andar en pos de la imaginación y de la dureza de su propio y malvado corazón.

Y será en aquel día, dice el SEÑOR de los ejércitos, que yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas y extraños no lo volverán a poner en servidumbre, sino que servirán al Señor su Dios, y a David su rey, el cual les levantaré. Jeremías 30: 8-9

Es un día en que será quebrado el yugo de esclavitud y serán rotas las coyundas para andar en libertad, en el Espíritu, sirviendo al Señor y no a extraños, no a otros dioses, no al dinero, no al dios de la prosperidad; será un día en que nos deleitaremos en Su gobierno y en hacer sólo Su voluntad; será el día glorioso en que Cristo será manifestado y revelado (Apocalipsis) en Su pueblo; en un pueblo que ha escuchado Su voz, que ha sido circuncidado de corazón, que ha menospreciado su vida hasta la muerte, un pueblo que ya no vive para sí, sino para el Señor, que ha perdido su propia vida y está muerto a sí mismo; será un día en que ya no viva ni reine más el yo sino Cristo.

Será un día glorioso cual ningún otro, donde la creación cautiva será llevada a libertad, cuando habrá un pueblo para deleite del Padre, para Su gloria y complacencia, cuando no habrá más maldición en la tierra, habrá justicia y paz, no habrá más dolor; todas las cosas serán restauradas y perfectas.

Habrá tiempo de angustia para nuestro hombre viejo, pero es necesario, para que haya el hombre nuevo; además se nos promete que seremos librados.

Tú pues siervo mío Jacob. No temas, dice el SEÑOR, ni te atemorices, Israel; porque he aquí que yo soy el que te salvo de lejos, y tu simiente de la tierra de su cautividad; y Jacob tornará, y descansará y sosegará, y no habrá quien le espante. Porque yo estaré contigo, dice el SEÑOR, para salvarte… Jeremías 30: 10-11b

Que promesa maravillosa, el Señor nos dice que no temamos, que él nos salvará, que él completará su obra, que tornará nuestra cautividad y que entonces encontraremos descanso para nuestras almas. Este es el día maravilloso del Señor, él nos hará mansos y humildes de corazón, de olor fragante a él. Él conoce nuestros temores, por eso nos dice: No temas, yo te salvaré, ya que cuando contemplamos por Su misericordia y Su luz, nuestra condición miserable, y experimentamos que para nosotros es imposible transformarnos a nosotros mismos, que para nosotros es imposible salvarnos; cuando contemplamos que somos duros de corazón, que somos expertos en hacer lo malo y resistir Su gobierno; entonces él nos dice: Confía en mí, yo lo haré, yo te salvaré, yo pondré mi naturaleza en ti; entonces dejarás de ser rebelde y de hacer lo malo, dejarás de andar en tus propios caminos, porque entonces yo seré tu deleite, tu todo, tu heredad y tu porción; entonces ya no desearás fuera de mí otra cosa en la tierra; entonces ya no te contaminarás más con ídolos, ni con abominaciones, ni con rebeliones, ya que yo santificaré mi Nombre en ti. ¡Alelu-Jah! Y escribiré mi palabra en tu corazón. Entonces tendremos un corazón conforme al Señor. Este es el día grande y maravilloso, tanto que no hay otro semejante a él.

Él promete estar con nosotros para salvarnos, y la Salvación es él; su testamento es este: quitar de nosotros el pecado, lo que no le pertenece a él, para presentarnos santos y sin mancha, como una virgen pura delante de él, en Su amor.

Oh, Señor, ayuda a nuestra incredulidad, ayúdanos a tener los ojos puestos en ti, autor y consumador de nuestra fe, ayúdanos a no mirar las cosas visibles; abre nuestros ojos para ver, quítanos la ceguera, y danos oídos para escuchar tu voz y entonces vivir. Oh, Señor, Santifica tu Nombre. Ven pronto.