Las Tradiciones de los Hombres Imprimir

Noviembre 10 de 2011

La palabra de Dios pone de manifiesto el corazón del hombre

Marcos 7:5-8 Y le preguntaron los fariseos y los escribas: ¿Por qué Tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos profanas? El les dijo: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de Mí. Pues en vano me rinden culto, enseñando mandamientos de hombres como enseñanzas”. Dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.

Marcos 7:15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él es lo que contamina al hombre.

Marcos 7:21-23 Porque de dentro, del corazón de los hombres, proceden los malos pensamientos, las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la blasfemia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro proceden, y contaminan al hombre.

Marcos 7:1-23 abarca tres asuntos cruciales: el mandamiento del Señor, es decir, la palabra de Dios; la tradición del hombre; y la condición de su corazón. La palabra de Dios, Sus mandamientos, siempre sacan a relucir la condición del corazón del hombre. Pero la tradición del hombre siempre la oculta. Es por eso que dondequiera que se guarda la tradición, hay hipocresía. La tradición oculta la condición del hombre. El Señor dice a los fariseos y a los escribas: “Qué bien dejáis a un lado el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (v 9).

Las tradiciones aparentemente son buenas, pero en realidad son engañosas, y los que las guardan son hipócritas. En la religión hay mucha hipocresía debido a que hay demasiada tradición que oculta la verdadera condición del hombre. Pero la palabra de Dios siempre la pone de manifiesto.

En esta breve porción del Evangelio de Marcos se le da aplicación a los Diez Mandamientos. El Señor Jesús los repite y los emplea para poner de manifiesto la condición interior del hombre. Los fariseos y los escribas se preocupaban de que las personas se lavaran las manos, pero este lavamiento ni siquiera se menciona en los Diez Mandamientos. Lo que importa no es que nos lavemos las manos, sino que adoremos a Dios con un corazón sincero y que honremos a nuestros padres cumpliendo fielmente nuestras responsabilidades. El objetivo de los mandamientos de Dios no es sacar a luz la suciedad que hay en nuestras manos, sino revelar la corrupción que hay en el corazón del hombre.