Para Librarte de la Mujer Extraña Imprimir

Enero 18 de 2012

PARA LIBRARTE DE LA MUJER EXTRAÑA

Para librarte de la mujer extraña, de la ajena que halaga con sus palabras. Proverbios 2:16

La escritura habla de pueblos y naciones como mujeres; hace referencia de su pueblo, de la iglesia como su novia que es preparada para el matrimonio, para unirse con Cristo, de la que será su esposa por la eternidad y participará de Su misma naturaleza.

También habla de otra mujer, de una extraña; se refiere a ella como Babilonia, una ramera, que dice ser la esposa del Cordero de Dios, pero que anda completamente embriagada en el vino de su fornicación; una ajena que halaga con sus palabras.

El asunto aquí en el libro de los Probervios toca tanto el aspecto natural, como principalmente el espiritual. Nos dice el Señor que el propósito de escuchar Su voz, de atender a Sus palabras, a Su consejo, es hacernos sabios y entendidos; es apartar de nosotros la locura y la necedad; nos dice que si inclinamos nuestro corazón a la inteligencia, que si como a plata la buscaremos, y la escudriñáramos como a tesoros, entonces entenderemos el temor del Señor y “hallaremos el conocimiento de Dios”.

Nos promete el Señor que entonces entenderemos justicia, juicio y equidad, y todo buen camino, que cuando entrare la sabiduría en nuestro corazón, y la ciencia fuere dulce a nuestras almas, el consejo nos guardará y la inteligencia nos preservará, para librarnos del mal camino. Del camino de la mujer extraña.

La fornicación natural, o carnal es una sombra o muestra de la verdadera fornicación que es espiritual; que es cuando un pueblo anda y se entrega a otros amantes distintos a Su Dios. La escritura nos dice en el libro de Santiago: Oh almas adúlteras, no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con nuestro Dios.

Y es precisamente esto, lo que ofrece esta mujer extraña, Babilonia; la fornicación y el amor con el mundo; halaga con sus palabras invitando a la inmundicia y a toda abominación, presentándolo como si fuera la bendición de Dios. Esta mujer ajena, pues pertenece a otro y no al Señor, se olvidó del pacto con Su Dios, por lo cual su casa está inclinada a la muerte. Proverbios 2: 17-18

Nos previene la escritura, que todos los que entraren a ella, no tomarán las veredas de la vida, que si nuestros cuerpos son miembros de Cristo como los uniremos a una ramera, o que si no sabemos que el que se junta con una ramera es hecho uno con ella. Ver 1 Corintios 6: 15-17, y enseguida cita el conocido versículo: Huid de la fornicación.

Es por esto que nos insta una y otra vez el Señor: Salid de Babilonia pueblo mío. No toquéis cosa inmunda.

Como hemos visto, Babilonia es esta mujer ajena, pues su marido es el dios de este siglo, que ofrece las cosas de este siglo, que ofrece la fornicación y el adulterio, enseñando que pidamos y busquemos las cosas del mundo. Babilonia es el sistema y orden hecho por el hombre que se cobija con ritos, doctrinas y mandamientos de hombre, que se tapa con una cubierta que no es la del Santo Espíritu de Dios, con hojas de higuera, con cobertura de hombres corruptos esclavos de la mentira, la vanidad y de toda inmundicia.

Pero la invitación del Señor es por Su infinito amor y misericordia a volvernos a él, a dejar estos caminos malos de la mujer extraña, es a que escojamos Su temor, a que queramos Su consejo y a que no menospreciemos Su reprensión. Nos dice el Señor, que con todo y que lo hemos dejado para ir en pos de otros dioses, que nos volvamos a él de nuestra inmundicia, que él nos limpiará y nos sanará de todas nuestras rebeliones e iniquidad. Que el Señor nos conceda oídos para oír y ojos para ver.

Bendito sea el Señor por los siglos. A él sea toda la gloria y la alabanza, pues nos amó y vino a redimirnos para él y a salvarnos de nuestros pecados.